'Chile es hoy lo que Pinochet construyó’, dice una pancarta colocada en un pasillo del Hospital Militar de Santiago, donde fue asilado el ex dictador. Esa idea ronda no solo entre sus más leales servidores, sino es una falsa y simplificadora visión del proceso chileno en la opinión de muchos otros.
A inicios de los setenta fue evidente el agotamiento del modelo de crecimiento basado en la sustitución de importaciones, en los países con mayor nivel de desarrollo en la región, es decir, Argentina, Brasil, Uruguay y Chile. Un nuevo modelo era necesario y Chile fue el escenario perfecto para que entraran en escena los llamados “Chicago Boys”, que tuvo a Sergio de Castro como su figura más representativa. En lo fundamental, estos economistas apuntaron a elevar la tasa de plusvalía por la vía de la caída del salario real, según un estudio de José Valenzuela Feijóo, publicado en Ecuador Debate. El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, según sus protagonistas, pretendía “restaurar la chilenidad, la justicia y la institucionalidad quebrantada”. El coctel de liberalismo económico y violento y repudiable autoritarismo político permitió a Chile experimentar un llamado boom económico hasta 1982, pero no todos los chilenos fueron los beneficiados. Desde 1972 a 1975 la caída del salario real fue del orden del 40%. Tanta fue la restricción que el ingreso de los chilenos en los gobiernos de la llamada “recuperación democrática” estaba por arriba de un 10% del vigente en 1972.
Los niveles de inequidad heredados de Pinochet en 1989, último año de la dictadura, también fueron desastrosos, tanto que hasta mediados de los noventa “el 10% más pobre recibía el 1,3% del ingreso real de Chile y el 10% más rico un 41,6%”, según el estudio de Valenzuela.
Si bien la receta aplicada por los Chicago Boys, con el respaldo de la más cruenta dictadura militar creó la ilusión de funcionar en un tiempo, coadyuvó finalmente para la caída de esta, que comenzó su declive en 1982. Ese año, una serie de errores macroeconómicos del equipo de Gobierno, por mantener de manera artificial el precio del dolar bajo, llevó a Chile a su peor crisis.
Los bancos más grandes tuvieron que cerrar sus puertas y el Estado debió acudir en su rescate con miles de millones de dólares. El terreno fue fértil para la reactivación de las protestas y la época del fin de miedo. El retorno a la democracia permitió a los chilenos mostrar sus potencialidades, sobre todo a su sector empresarial. Chile aprendió en la dictadura que para crecer es necesario llegar a acuerdos. Y que es posible hacer un proyecto país no gracias a la dictadura, sino pese a ella. El desarrollo y estabilidad de hoy hunden sus raíces en la democracia.
Publicado en Hoy On line, de Ecuador, el Martes 5 de Diciembre de 2006.
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