domingo, 10 de diciembre de 2006

Una de las pelotudeces con la que los diarios llenan las páginas de los domingos

Mirá lo que es esa pista de autos. Me encantaría tener una”. Del otro lado de la vidriera, el juego brilla en los ojos de Luciano que, lejos de ser un niño, tiene 30 años. Después de una larga semana laboral, su coartada perfecta para pararse frente a la juguetería céntrica es que está buscando un regalo de Navidad para su hijo de 9 años. A los adultos como él, llenos de responsabilidades, pero que todavía quieren conservar intacta su infancia o adolescencia, se los conoce mundialmente como “Adultescentes” o en inglés “Kidults”.

A pesar de sus obligaciones matrimoniales, pareja, hijos y trabajo, no se sienten del lado de los adultos. No les gustan los formalismos y se niegan a cambiar. De la mano de las películas infantiles, dibujos animados, vestimenta, zapatillas, la play station, los últimos ringtones y juegos de chicos, los de 30, 40, 50 años o más buscan destapar su niño interior y salir por un rato de su mundo real.

Para la mayoría de los comerciantes el fenómeno adultescente se nota con más fuerza desde hace cuatro años, y aseguran que como manejan su propia economía son los mejores compradores (ver aparte).

Fabián (36) es profesional y padre de familia. Para recordar los viejos tiempos todavía se aferra a los apuntes y libros de la Facultad. “Hasta hice una pasantía ad honorem en una de las cátedras de la carrera que estudié, como excusa para seguir ligado a esa etapa”, cuenta.

Su explicación es que disfruta de las compañías de aquellas épocas. Le encanta encontrarse con compañeros de estudio, viejos profesores, el encargado del bufet o de la biblioteca. “Hasta el aire que se respira en los pasillos de aquellos claustros me resulta agradable. Creo que tiene que ver con que la etapa universitaria me ha dejado muy buenos amigos y excelentes recuerdos”, agrega.

Pero eso no es todo, también tiene cada película que Disney-Pixar sacó al mercado y otras tantas de dibujos animados. Ahora su nuevo hobbie es recuperar la música de su niñez. “Hace poco me conseguí en CD las canciones de Carlitos Bala, la Pantera Rosa y otras tradicionales que no pude tener cuando era chico. Las canto y bailo con mis hijos, así me pongo en su mismo nivel, lo que me resulta muy sanador y desestresante”, desliza.

De compras por el shopping, Martín (35) responde resuelto a la pregunta de Los Andes. “Mientras tenga buen físico no me voy a privar de usar remeras ajustadas”, precisa resuelto.

Para no desentonar, Carmen (38) atiende un negocio de adolescentes y le gusta usar la ropa que vende. Además de estar todo el día pendiente de su celular y de cambiarlo cada dos meses, le encanta ver cuanta película infantil viene en plaza.

A la lista se suman aquellos que pelean a la par de sus hijos para conseguir un turno en la play station, los que van a los cibers, los que coleccionan autos, las fanáticas de las muñecas, los que descargan tensiones en el paintball (guerra de pintura) y hasta los que regalan a su pareja remeras de Bob Esponja.

También están los apasionados por la tecnología y los comics, una costumbre que Nicolás (40) mantiene desde los 20 años. El hecho de tener un nene de seis le da la excusa ideal para seguir dentro del mercado infantil. “Si hago zapping me paro en los canales de dibujitos y si quiero ver alguna película de chicos en el cine lo invito a mi hijo. Incentivo en él, el niño interior que tengo yo”, aclara.

Por su casa han desfilado todas las películas de héroes adaptadas a la pantalla grande. “Daredevil, Hulk, Superman, Batman, X-Men y el Hombre Araña, las he visto primero yo y después se las he pasado a mi hijo”, indicó.

Fuente: Los Andes (Esta reverenda pelotudés la firma Virginia Di Bari. Que me disculpe, no me gusta hacer periodismo de periodistas, pero se lo ganó)

Ana Laura Rodríguez, quien dice ser psicóloga y profesora, sustenta la pelotudez.

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