Por Pablo Biffi, en Clarín.
Son africanos, pero podrían ser ecuatorianos que se abarrotan en un barco para terminar ahogados en las aguas del Pacífico. O guatemaltecos, nicaragüenses, salvadoreños y mexicanos que mueren asfixiados en el desierto, encerrados en algún conteiner, abandonados a su suerte por los "coyotes" que hacen fortunas con las desesperación ajena. O haitianos devorados por los tiburones en el Mar Caribe. Aunque resulte un paradigma anacrónico, todos huyen del Sur al Norte, de la desesperanza a la utopía. Todos huyen de la miseria y del hambre arriesgando sus vidas, acaso lo único que tienen.
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