El universo denominado excluidos sociales existe desde que la propiedad privada es tal cosa.
Los que tienen propiedades son incluidos y los que no tienen son excluidos. Inevitablemente, los primeros determinan la suerte de los segundos, a quienes sólo les queda comprometer lo que se ha dado en llamar paz social para intentar revertir la realidad.
Ni bien surge este escenario, los integrantes del universo de incluidos, la burguesía o pequeña burguesía, se asusta, y el miedo genera como primera reacción el reclamo de represión. Se pide una guerra contra la delincuencia.
El destinatario de ese reclamo es el Estado, o -mejor dicho- el gobierno de turno, que más allá de su inclinación ideológica, generalmente, termina dando respuestas en ese sentido.
La experiencia marca que en ese camino lo que se consigue es un montón de seres humanos muertos. Los medios los clasificamos como policías, víctimas o delincuentes, que yo sepa: todos seres humanos.
En Mendoza, muchos inescrupulosos lograron instalar que el principal problema de nuestra sociedad es la inseguridad. El desafío para los bien intencionados mendocinos es resolver esa patraña con una metodología diferente a la de la guerra que proponen los vivos que se enriquecieron mandando a la pobreza a más de la mitad de la población y ahora quieren eliminar a los que desde ese segmento les ocasionan problemas.
¿Seremos capaces?
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