Después de que Dios dejó de ponerse la 10 de la Selección el fútbol argentino entró en un jugo peligroso en el que el verso pasó a ser mas importante que el potrero y el talento de los futbolistas. “La pelota no dobla”. “Uno por afuera y uno por adentro”. “Doble cinco”. “Los ‘europeos’ o los del campeonato argentino”. Frases que dijeron los técnicos pos Basile, el último seleccionador que armó el equipo respetando medianamente a los talentosos, quienes se quedaron afuera de un mundial con Batistuta sentado en el banco. El máximo goleador de la Selección no podía jugar porque había delantero talentoso y goleador, Crespo, por el medio.
Hoy por hoy, la Selección está en un problema: si respeta el verso es un equipo del montón, con eximios jugadores sentados en el banco porque otros de sus características están en la cancha. La otra opción es jugar a la pelota con los todos los talentosos adentro de la cancha. Un desafío que no asumirá Pekerman, gerente de los intereses grondoneanos, alejado del potrero, la pelota, los trapos y la hinchada.
Mi selección
Abondanzieri (se aceptan opciones, pero no veo un arquero indiscutible, así que el de Boca puede ser. Me da miedo, es cierto, pero...)
Ayala, Zanetti, Colochini, Sorín y Mascherano (cinco para defender a los que atacan, de punta, del rival)
Riquelme y Messi; Tévez, Crespo y Agüero (cinco para atacar y mantener ocupados a todos los rivales.)
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