(Esta es la bolu-nota del mes. Me imagino al editor de sociedad del Los Andes maldiciendo a todos por no tener alguito mejor para poner. Suele pasar. Prefiero pensar eso a que el tipo cree que está bien que en el centenario diario salga esta güevada. Vivan las bolu-notas, sin ellas habría días que los diarios tendrían que dejar espacios varios vacios.)
Andrea (28) se pregunta -e interroga a sus amigas- por qué tiene la mala suerte de que sus últimas parejas cortaron su relación con ella o hicieron todo lo posible para que la chica se hartara y decidiera (después de varios intentos) terminar con un noviazgo que había comenzado sobre ruedas. “Yo le pongo onda, me doy tiempo para conocerlos y, cuando me engancho, no sé qué pasa que todo empieza a ir mal”, contó frustrada mientras le da vueltas al asunto. Concluye que “todos son unos inmaduros” y que no hay más explicación posible que esa y que la fortuna no está de su lado en lo que a las relaciones se refiere. Ahora está sola y en la disyuntiva de “bajar los brazos” y resignarse o de seguir buscando al hombre con el que, finalmente, armará un proyecto de vida.
Lo que le pasa a Andrea es bastante común en estos tiempos. Sólo basta con cliquear en Internet las palabras de “por qué mi novio me dejó” para encontrar miles de testimonios de mujeres desorientadas que intentan encontrar en los foros lo que tal vez deberían buscar en ellas mismas. Y es que en la actualidad es más difícil mantener relaciones de pareja debido al curso que ha tomado la sociedad. “Han cambiado valores y jerarquías en los proyectos de vida y, si antes el propósito inicial de las mujeres era casarse y tener hijos, ahora esto se ha abierto y flexibilizado”, explicó la licenciada Sandra Ostropolsky, psicóloga y directora del Instituto Milton Erickson de Mendoza.
En la actualidad, las parejas se constituyen de un modo más ‘light’, con menos compromiso por parte de hombres y mujeres y éstos son puntos que no pueden soslayarse a la hora de pensar la cuestión de la “durabilidad” de las parejas. Ostropolsky se apura a aseverar que no es que sea algo bueno o malo, pero es lo que sucede en la sociedad de hoy.
En este sentido, la psicóloga Cristina Straniero -también miembro del Instituto Erickson- cree que es interesante observar el tema desde una perspectiva histórica y ver cómo, culturalmente, se han ampliado los roles femeninos y masculinos.
Mujer independiente busca
Una de las paradojas de estos tiempos es -si se quiere- aquello de que, por un lado, las mujeres son cada vez más independientes y ejercen poder en los distintos ámbitos laborales por lo que la cuestión de la pareja no sería tan central. Y, por el otro, se percibe una suerte de desesperación (sobre todo después de los 30) por encontrar al hombre de la vida y al padre de los hijos.
Este “apuro”, que en parte tiene que ver con lo biológico y la necesidad de ser madre, suele atentar contra las relaciones que se entablan. “Hay mucha gente que, con esta ansiedad de hallar en el primer encuentro a la pareja ideal porque ya han tenido muchas historias con fracasos, estropean -sin querer- algo bueno o la posibilidad de conocer a una persona desde otro lugar, un poco más relajado”, opinó Ostropolsky. La psicóloga hizo la comparación con el momento de rendir un examen: uno quiere aprobar, pero se sabe que existen tiempos de estudio, de asimilación, etc; pero cuando se quieren pasar rápido todos los pasos se termina rindiendo mal.
Esto conduce a lo que los psicólogos llaman “desesperanza aprendida” en el sentido de que si se va a buscar una persona y se pone tanta ansiedad en que sea el hombre para toda la vida, se repite una pauta de búsqueda que dice que, en realidad, se está buscando mal. Ya sea porque se eligen “tipos cancheros” que difícilmente puedan encajar con lo que realmente se desea para el futuro, ya sea porque se está con una persona a la que -a priori- se califica como aburrida o poco interesante.
De este modo, es probable que se empiece a tener una serie de relaciones que comiencen siendo estimulantes y terminen siendo frustrantes. Esto va generando cada vez más ansiedad en el vínculo, con la esperanza de que el próximo es el que tiene que ser y, además, provoca planteos que tienen que ver con la idea de la mala suerte o de que no se merecen tener algo bueno con otro.
Asimismo, cuanto más ansiosas se ponen las mujeres por concretar “algo en serio”, más ganas de huir les da a los hombres ya que tienen otros tiempos y no se sienten tan presionados ni por la edad ni por la sociedad que pide que las mujeres estén casadas cuando tienen más de 30.
El freno del temor
Después de varios fracasos, puede suceder que aparezca el miedo a otros fracasos y que las mujeres dejen de buscar a la pareja ideal. Aunque no se puede generalizar, cuando esto pasa puede llegar a haber un cambio interesante porque si se habla de pautas que se repiten y que, sucesivamente, han llevado a la persona a “embarrarla cada vez más”, el temor o el parar un poco puede servir para no seguir haciendo lo mismo.
Hay personas que eso de retraerse puede llevarlos a pautas vinculadas con la depresión; pero, en general, cuando se para un poco con este circuito y se repiensa qué es lo que realmente se necesita aparece la posibilidad de armar una pareja desde otro lugar, con otras características. Lo que implica, también, valorar y aceptar un tipo de hombre distinto al que se venía buscando. “Esto es difícil de hacer cuando se está metido en una especie de vorágine con altos niveles da ansiedad o excitación”, comentó Ostropolsky.
Calmarse es el primer paso, pero es claro que el retraimiento solo no sirve, sino que debe ir acompañado de una redefinición del problema y de lo que realmente se desea. “Porque muchas mujeres dicen que quieren un hombre compañero para armar una familia, pero las características de lo buscan no se condice con eso”, continuó la psicóloga. Straniero agregó que otra cosa para repensar es en dónde se intenta encontrar pareja, ya que es muy distinto salir con alguien a conversar o a tomar algo, que acudir a los boliches en donde predomina el ruido y la idea hedonista del puro placer y de mostrarse como fin en sí mismo.
En general, las personas que empiezan a generar otros proyectos se conectan con otros circuitos de interacción ya que también cambian los criterios de valoración. La idea es buscar lo que se desea en el lugar correcto en lugar de pretender “comprar azúcar en una ferretería”.
Repensar roles y deseos
Muchas mujeres han tomado las riendas de su vida y de su trabajo de una manera activa e independiente. Así, a la hora de entablar una relación de pareja, también lo hacen desde esta perspectiva lo que -a pesar de los cambios culturales- puede llegar a asustar a algunos hombres. “En la clínica se ven hombres que se sienten apabullados por las actitudes de algunas mujeres, porque quisieran ‘controlar’ más cosas de lo que estas mujeres activas los dejan”, contó Straniero. Se trata de mujeres que parece que no necesitaran, pero que sí necesitan, y mucho.
Puede pasar, entonces, que ellos terminen la relación porque “no se bancan” este rol activo de la mujer. Al mismo tiempo, se percibe que los hombres están más insatisfechos, ya que anhelan encontrar una persona que rápidamente se suba a la ilusión de la pareja y después se quejan de que “esta mujer fue muy fácil de conseguir” o de que “son todas iguales”.
Por otro lado, las muchachas que rondan los 30 y que ya tienen la idea de empezar a armar un proyecto de pareja a largo plazo suelen elegir hombres que, aunque al principio son interesantes, después dejan de serlo cuando piensan en el futuro. Así, prefieren un tipo de persona que -con el tiempo- se aleja cada vez más de lo que se busca en un momento de la vida. “Se comienza a armar un mecanismo en el cual se buscan hombres con ciertas pautas como que son los más atractivos, divertidos, que tienen una suerte de excitación y adrenalina, pero que -a la larga- son aquellos que nunca les van a poder dar lo que quieren para su proyecto personal”, explica Ostropolsky.
Para Straniero, la pregunta en estos tiempos es cómo mantener la femineidad, incluyendo todos los nuevos roles de la mujer, y cómo el hombre puede sentir que mantiene su masculinidad, incorporando tanto sus nuevos roles como los que tiene la mujer. La idea es armar una nueva identidad masculina y femenina de este nuevo siglo.
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