lunes, 9 de enero de 2006

Preocupante: a la izquierda de Kirchner no hay nada

Ni bueno ni malo, distinto. Es lo primero que se me ocurre a esta altura del gobierno de Kirchner. Distinto en la manera de construir el poder para imponer su visión de país. La reflexión se me ocurre más por los argumentos de quienes le tiran piedras que por la propia acción gubernamental, aunque esta marca claramente diferencias con lo conocido.

Hasta acá, la oposición –por derecha, por izquierda, por el cielo y el infierno- la única falencia que encontró es un presunto avance hacia la consolidación de una hegemonía. Que raro. En el mismo país que hasta hace poco tiempo la izquierda y la derecha pudorosa criticaba la corrupción, la fiesta para pocos, la farandulización de la dirigencia mientras se desmoronaba la estructura social, ahora solamente se cita como falencia un avance en el control hegemónico de las decisiones.

La construcción de poder es un tema serio que se vanaliza desde la oposición por estos días. No imagino a ningún presidente del mundo con intenciones de cambiar la historia despreocupado por acumular poder. Menos si asume el gobierno sacando menos votos que el enemigo principal de su concepción de la historia.

Lo más loco es que los mismos que ahora se rasgan las vestiduras por la creciente acumulación de poder del gobierno no repararon en ese aspecto mientras el menemismo generó la maquinaria más perversa de sometimiento de los gobiernos provinciales y municipales vía los denominados Adelantos del Tesoro Nacional (los famosos ATN estratégicamente utilizados desde el Ministerio del Interior por el olvidado Carlos Corach).

Algunos de los que hoy patalean por el poder que va reuniendo el presidente Kirchner repararon en la corrupción del reparto de los ATN, otros –muchos- directamente transaron y se los gastaron. Es decir, construyeron poder en sus territorios merced a la guita que Menem cobró de las privatizaciones primero y del terrible endeudamiento luego, cuando se terminaron las joyas de la abuela.

La hegemonía conseguida por el menemismo para cambiar la distribución de la riqueza no fue objeto de críticas. Si bien es cierto que durante los diez años de menemismo el robo por parte de los gobernantes fue moneda corriente, lo más grave que ocurrió fue que la riqueza se concentró en poquititos bolsillos. Peor aún, tras la concentración la guita emigró.

La verdad, si la única falencia del kirchnerismo es la aspiración a concentrar mucho poder, como analiza la realidad la oposición, la Argentina está en buen camino. Después de todo, en tan solo dos años este tipo tildado de populista, un adjetivo bastardeado intencionalmente por la oligarquía, cambió el espanto que generaba el turco riojano por un marcado apoyo a su gestión manifestado en las urnas.

Sin dudas deben existir varios flancos flacos de defender en la Administración Kirchner pero el presidente juega con una ventaja: enfrente no hay nada. O más preocupante, enfrente están los que plantean que la riqueza debe concentrase de tal manera que se rebalse (da risa), o los que quieren objetivos similares a los que plantea el actual gobierno pero no tienen la más remota idea de los márgenes que presenta la conducción de la Casa Rosada para conseguirlo.

¿Cómo se hace para cambiar un modelo de país si antes no se acumula mayor poder que los conservadores del modelo de privilegios reinante?. Aliarse con los conservadores para desgastar a Kirchner es el camino que eligieron los que se dicen oposición progresista. Lo cierto es que, objetivamente, a la izquierda de Kirchner no hay nada. Preocupante.

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