Un hospitalito carísmo en el medio del campo, adonde mucha gente hacía varias décadas padecía cada vez que se enfermaba, convocó a un trozo de la elite política de la provincia. Desde el gobernador, Julio Cobos, y su segundo, Juan Carlos Jaliff, acompañados por cinco ministros del Gabinete provincial y la diputada nacional Josefina Abdala, del palo del vice, marcados por un kirchnerista como el senador nacional Celso Jaque. En el medio de las grandes ligas menducas, el intendente santarrosino Antonio Ponce, del Partido Demócrata, juntó a un grupete de dirigentes regionales de su partido cuya cabeza visible es el senador provincial Guillermo Magistretti.
Unos minutos antes del corte de cinta, un invitado encendió un Parliament en el hall de entrada el nosocomio. Al ser advertido, se tomó la cabeza y justificó: "Hay tanto clima de comité, de unidad básica, de política cruda que me olvidé que esto es un hospital".
La transición entre los partidos tradicionales y el reacomodamiento dirigencial tras el descalabro de las agrupaciones de traspaso de milenio regala imágenes excepcionales del cinismo actual, como las que registró mi retina en la mañana de ayer en el hospitalito de Santa Rosa. Lo mejor es que nadie les pregunta nada, todos van tras un centímetro de diario, pero la realidad les gana por goleada. Les admiro el espírítu de supervivencia.
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