Mientras la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical determinó la intervención del partido en Mendoza, el iglesismo en pleno, salvo por la ausencia de su líder Roberto Iglesias, se apuro a cerrar un acuerdo que le permita competir en las internas partidarias. Y los tipos son radicales, pero no comen vidrio.
Todos viven de la política y saben que en las elecciones de octubre se consagrará presidente un pingüino o pingüina y en Mendoza será gobernador el candidato de Cobos, entonces, razonaron, para qué ir en una lista debajo de Roberto Lavagna, que va a perder. Camerucci, Bruni, Fayad y todos los que se habían peleado con Cobos pensando en que con Iglesias de candidato a la Gobernación podían hacer una digna elección quieren seguir viviendo de la política. Superado ese momento, nada era mejor que colgarse en la lista que tenga al candidato del presidente al frente de la boleta.
Por más que Gerardo Morales, presidente nacional del radicalismo, diga lo que quiera en Mendoza los radicales vienen ganando y arriesgan mucho más que en el orden nacional, adonde sólo sumaron 2% en la última presidencial. A Morales cualquier cosa lo deja mejor que ser él mismo candidato a presidente de la Nación. A los radicales de Mendoza, al mismo tiempo, no se les presenta ninguna otra oportunidad para seguir viviendo de la política que ponerse debajo de Kirchner y de Cobos.
Las ideologías están en los libros, las listas y estrategias electorales son otra cosa.
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