La sucesión de decisiones fallidas que tomó el Gobierno de Celso Jaque frente a la crisis que desató el aberrante asesinato del niño Román Ciraudo, de 14 meses de vida, en Lavalle, desenmascararon la falta de control que el Ejecutivo tiene sobre la Policía.
Para reemplazar a un comisario cuestionado al frente de la Comisaría 17 de la cabecera lavallina se designó a otro que un día después fue relevado del cargo por "no cumplir las instrucciones de sus superiores", justificó el ministro Juan Aguinaga. La decisión se tomó en plena madrugada del domingo, a horas del hallazgo del cuerpo sin vida de la criatura hija de un artesano que fue en busca de ayuda policial al detectar su ausencia y denunció que no se la brindaroncon, con una juntada popular frente a la comisaría 17 que subía de temperatura.
Para salvar las metidas de patas de los dos comisarios relevados en menos de 24 horas se nombró a un tercero, a las apuradas, de madrugada. Pero no tardó en hacerse público que el salvador de la alterada seguridad pública lavallina tiene un enriedo en un procedimiento en el que se decomisaron autopartes y aparentemente no se registraron. Está bajo la lupa administrativa del Ministerio. Ayer, guinaga anunció que ese comisario tampoco seguirá al frente de la dependencia. Ya va a nombrar a otro, aunque esta vez se tomará unos días para no repetir el repetido papelón.
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