Si en La Plata metió miedo días atrás el "hombre araña" violador, un menor de 17 años que trepaba edificios para atacar a mujeres, en Godoy Cruz el terror de las niñas son las "balas perdidas". En los últimos 15 días hubo dos casos de este tipo en barrios godoycruceños.
El sábado en la noche le tocó a Maira Tamara Díaz, de 11 años, sentir el ardor de un escopetazo en el tórax, estando con amigas en la puerta de la casa de un tío, en el barrio Foecyt de Godoy Cruz. Hemoneumotórax (lesión traumática del tórax), le diagnosticaron en el Hospital Notti, adonde llegó conducida por su tío. Por la lesión, se le practicó un drenaje, por el cual se espera salga despedida la bala. Se espera que la menor mejore.
El domingo 16 de marzo, la víctima fue Jésica Leiva, de 13 años, quien cayó tendida con un balazo incrusatado en el cráneo mientras iba de su casa a la pizería, en Villa Hipódromo de Godoy Cruz. Ante la peligrosidad de una operación, la niña hoy vive con un plomo adentro de la cabeza. En principio, el fiscal de Godoy Cruz, Juan Carlos Alessandra, descartó que el disparo se originara en un enfrentamiento entre hinchas y consideró como hipótesis principal, la de la "bala perdida". A viva voz dicen los familiares y los vecinos que ahí siempre se tirotean los bodegueros (hinchas de Godoy Cruz) y los leprosos (hinchas de Idependiente Rivadavia). Y justo esa noche jugó Godoy Cruz en el estadio Malvinas frente a Rafaela, pertido que terminó un ratito antes de que la menor cayera herida.
Según la interpretación que más le gusta al gobierno, en Godoy Cruz últimamente las balas tienen amnesia, se pierden por ahí y nadie sabe adónde terminan. Las niñas, a juzgar por los últimos hechos, son las más amenazadas.
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