Julio César Cobos ya no es ingeniero, no es gobernador, no corre tanto, ve menos a sus hijos, pero sigue siendo Cleto. Sí, el segundo en el mando constitucional del país razona aún como el vecino de la Sexta Sección de la Ciudad de Mendoza o al menos vende efectivamente la idea de que no deja de ser un tipo común.
Una estufa que tira llama roja, como las de las casas comunes, un grabador redondito de los que valen $300 y se ofrecen en 1.000 cuotas, unos adornitos comprados en oferta en el supermercado y un trofeo de bronce expuestos a primera vista en la sala de estar la casa familiar del vicepresidente contrastan con la elevada forma de vida de la presidenta Cristina Fernández que tiene una mansión en el exclusivo El Calafate cuando vuelve a Santa Cruz.
En la casa de Cobos, en la Sexta Sexión de la ciudad de Mendoza, funciona un solo teléfono. No vino un grupo de técnicos en helicóptero a arreglar el otro, el vice llama a los gritos a los suyos cuando alguien los requiere por teléfono y el está con gente en la sala. Osea, si uno llama al teléfono fijo de la casa particular del vicepresidente atiende Julio cobos, aunque del otro lado busquen a otro familiar.
Cobos no tiene nada de eso que se ve en las películas de los políticos poderosos. Mantiene a distancia la custodia oficial, tiene un celular de los comunes, nada de teléfono satelital, lejos de los superoperadores les pide consejos a su hermana y a su hija menor sobre cómo comunicar hechos determinantes para su carrera, y rabea con el correo electrónico sin que un técnico esté disponible para atenderlo. Al punto que la carta convocando a discutir las retenciones en el Congreso -corregida por la hermana, Alicia, y la hija, Eugenia- la dictó a un asesor para que la mandara de un cíber porque tenía problemas con su computadora.
Las imágenes que se conjugan arriba son recortes de fotos publicadas hoy por el Diario UNO con una entrevista a Cobos. Dice que se está generando el espacio de independencia del matrimonio Kirchner y que defenderá sus convicciones sin confrontar.
Durante el conflicto del campo, le gestionó una autorización a Coninagro para instalar una carpa de protesta frente al Congreso, con lo cual se ganó la confianza de la dirigencia del sector mientras la presidenta Cristina Fernández tensaba la cuerda. Cobos le recriminó telefónicamente a la presidenta la detención del ruralista Alfredo De Angelis y el protagonismo que alcanzó el piquetero Luis D'Elía como vocero oficial ante el desmadre del conflicto con los ruralista hacia las ciudades, adonde sonaron fuerte otra vez las cacerolas.
Dijo que se siente desilusionado con los gobernadores que se bajaron de la reunión que había convocado para el lunes y no desmintió que la Casa Rosada operó el boicot del encuentro.
Entrevista completa en Diario Uno
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