Cristina Fernández y Néstor Kirchner no pensaban modificar por ahora el Gabinete de ministros. No querían aparecer derrotados frente a la oposición (de afuera y de adentro del PJ) que exige cambios en el staff ministerial. Alberto Fernández, deglutido por el conflicto con el campo, no pensaba lo mismo y lo advirtió. Sin obtener respuestas, pateó el tablero y presentó la renuncia.
La lectura de Fernández no es muy distinta a la del vicepresidente Julio Cobos: es inviable el gobierno de De Vido, Moreno y Jaime, entre los funcionarios más desgastados. El costo de su permanencia es altísimo y se paga con la caída de popularidad del gobierno en general y de Cristina Fernández en particular.
Allegados al jefe de Gabinete renunciante deslizaron las verdaderas causas de la decisión tomada esta mañana: provocar una oxigenación más importante del gobierno con la salida de los hombres más cuestionados, quines deberían ser arrastrados por la renuncia de Alberto. El principal operador del desembarco del kirchnerismo en las grandes ligas de la política y uno de los pocos hombres de máxima confianza de Néstor y Cristina optó por dar un fuerte golpe a sus jefes para hacerlos reaccionar.
Pistas: Critica digital / Joaquín Morales Solá, en La Nación / Clarín
El jueves pasado, el vicepresidente Cobos viajó en auto desde Buenos Aires hasta Mendoza tras pegarle un duro un bofetón al gobierno enterrando el proyecto oficial de retenciones al desempatar la votación del Senado en contra del gobierno.
Ya en la provincia, a sus más fieles compañeros en la ruta política les confesó que los asusta el aislamiento al que Néstor Kirchner ha sometido a la gestión de su esposa. Y argumentó que además de la presión social y de sus convicciones, influyó en su decisión la desesperación por provocar una reacción en el centro del poder.
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