Por Pablo Díaz D’angelo, desde Tandil.
Rock.com.ar
Postal serrana. Calles de tierra (barro). Barriada humilde y austeridad. Recuerdo: once años atrás en el estadio San Martín bajo el reinado de Patricio. Previa inacabable. 5 de mayo de 2008. Era el turno de Villa Aguirre (pobre el que limpia). Cuando se abrieron las puertas del hipódromo tandileño la gente comenzó a apelmazarse para estar lo más cerca posible de la gran estructura geométrica que conformaba el escenario.
El cielo plomizo, una garúa molesta, y un tono rojizo que se iba desarmando a medida que caía la noche temprana en Tandil. De repente algunas estrellas cotejaron las colas en la importante cantidad de cantinas que rodeaban el campo en donde se podía conseguir absolutamente de todo para comer y tomar.
Una organización irreprochable (aunque algunas asociaciones locales la cuestionaron), previa caminata extensa y cacheos para arribar al césped y desayunarse con la imponente escenografía al mejor estilo Woodstock. La niebla no permitía que el paisaje describiera las sierras pero a tientas podían apreciarse.
Hacía frío (15ºC), caía el rocío y la humedad era espantosa pero nada pudo poner de malhumor a un público que se fue amontonando y reproduciendo a medida que se acercaban las 21:30, horario en que se apagaron las luces que enfocaban a la gente y esas más de 50 mil personas comenzaron inmediatamente a moverse ansiosos, marcando territorio para que una vez delineada la intro con el sampler de Indiana Jones, El Indio y Los Fundamentalistas comenzaran a perpetrar una noche inigualable, comparable con las grandes misas ricoteras.
“No, no, ciego en la bruma” dice Solari en “Pedía siempre temas en la radio”, como referenciado al clima inconscientemente. No hace falta describirlo estéticamente. No se sale nunca del libreto del tipo comunacho, antihéroe y poco estereotipado en rockstar. Anteojos rojizos, buzo rapper, calva reluciente, auricular, colores sobrios. Mirá la crónica completa
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