miércoles, 4 de febrero de 2009

Los radicales juegan con cartas marcadas

Con el mismo maso que relucía cuando gobernaban la provincia, los radicales mendocinos juegan una partida cuyo resultado será determinante del mapa político que se consilidará para la disputa electoral de octubre. Las cartas son las mismas de antaño pero el paso del tiempo y la exhacerbación de los jugadores en una sucesión interminable de partidos, revanchas y buenos les calaron marcas que son indiscimulables cuando lucen en la mano de los contendientes.

Es una partida de truco sólo que las parejas o los tríos se definen recién después del reparto de cartas. Con el maso impecable de otras épocas, no faltaron los jugadores que gritaron falta envido con 23 y corrieron a todos antes de mostrar las cartas gritando truco y retrucando con un caballo. Ahora las cartas están marcadas.

Julio Cobos tiene el pinchudo. Por si no alcanzaba con la marca delatora que tiene el reverso de la carta en la esquina a la que apunta la espada del uno, el vicepresidente la dio vuelta arriba de la mesa más de una vez con la astucia del que quiere que todos sepan que la tiene más larga pero prefiere que no lo acusen de andarla mostrando deliberadamente por ahí. Por eso, de los dos siete matadores que le llegaron con el macho no quiere ni hablar.

Roberto Iglesias sabe que no le tocó nada y putea por lo bajo a Ernesto Sanz, quien cortó el maso para dar inicio a la mano. En primera instancia, se niega a jugar y si fuera por él volvería a hacer un papelón electoral antes que aliarse con Cobos. Mientras se acordaron las reglas puntuales del truquito radical que se armaba con una manicitos y cerveza de por medio, "El Mula" estaba en el baño tratando de recuperarse de una indigestión que lo tiene a mal traer desde hace varios años.

El viejo zorro, que gobernó la Capital y le virló la candidatura ganadora a José Genoud en 1999, se defiende sobradamente en el mano a mano, el cuarto y el sexto con punta y hacha. Ya sabe que la mano no volverá atrás por más que se queje y que esta vez tendrá que remar sin pinta ni matadora. Pero apuesta todo al rédito que le pueda dar el cinco de palos.

Los que tienen apuestas en la mesa ya saben que Iglesias tiene un cinco de bastos y el ex gobernador sabe que todos lo saben. No puede mentir, ya se sabe que el cinco no le pintó con ninguno de los dos cuatros que completan el trío de cartas que sostiene con la mano derecha. Están todas marcadas.

A Ernesto Sanz se le vio un cuatro de palos antes de que alcanzara a guarecer el manchón de tinta que delataba al dos de oro. Los más rápidos de vista se lo calaron. Y a algunos de estos, un espía les bajó los ojos advirtiendo que el sanrafaelino no tiene más nada.

Cobos quiere los 29 del envido que suman Sanz e Iglesias, sabiendo que para el segundo a él no le gana nadie, pero dentro del ConFe (el radicalismo que se fue con Cobos) no son pocos los que aseguran que le dan a Iglesias-Sanz en el primero.

Lo que Cobos ve y sus díscoos seguidores locales que se niegan a arreglar con radicalismo no, es que los 29 de los "ortodoxos" mendocinos se nacionalizan. Y como ya lo reveló hace muchos meses, Cobos quiere liderar el radicalismo nacional. Sabe que la estructura territorial del partido, más allá de los golpes que sufrió en los últimos años, es la más grande del país después de la del PJ.

Cobos tiene el ancho de espadas y los sietes matadores (es el dirigente que mejor mide en el país) y la Unión Cívica Radical tiene (en su inserción territorial) el aguante para el envido.