sábado, 23 de enero de 2010

La clase media se confunde fácilmente, sin repasar el pasado ni medir los males futuros

Opinión

La clase media de este país vive el presente a secas, sin medir las consecuencias futuras ni considerar los condicionamientos que dejó el pasado. La foto de hoy es determinante de los intereses a defender, sin ningún reparo en el contexto ni en las consecuencias futuras.



Sólo de esa manera se explica -en un análisis precario y lineal que surge de momento y no tiene más pretensiones que documentar una visión personal de una de las características que determinan el comportamiento de una franja ancha y diversa del electorado argentino- que la misma clase media que a finales de 2001 compartía el reclamo de los desposeídos y vomitaba a los banqueros con el mismo odio que a los políticos y economistas liberales de derecha ahora condena a los pobres que se organizan para cuidar sus conquistas y seguir pujando para alcanzar una vida sin hambre, al mismo tiempo que defiende con devoción los intereses del establishmen enarbolados por los políticos y economistas liberales de derecha que antes fueron condenados por causar la peor miseria en la historia de la Patria.



La foto del ocaso del uno a uno mostraba a la clase media peligrosamente corrida hacia la clase baja, lo que generó una alianza coyuntural entre ambas. Hace menos de una década las cacerolas de la clase media y los palos de los piqueteros confluían en los mismos espacios físicos mientras los discursos de ambos sectores apuntaban a los mismos responsables de la debacle, es decir, identificaban a los mismos enemigos.



La foto al comienzo de 2008 era diferente. Los pobres seguían pobres pero había más contención y muchísima menos desocupación que seis años antes y la clase media aparecía más distanciada, a salvo, de la clase baja, peleando sin cuartel por acceder al consumo de bienes que goza naturalmente la clase alta. Los padecimientos y el riesgo de disolución social que mostraba la foto de finales de 2001 fueron devorados por el olvido y las catastróficas consecuencias de la ficción consumista se pagarán en el futuro.



Sin mirar más que el cuadro de la foto, la clase media no tardó en hacer propios los intereses de los capitalistas y sus gerentes y en identificar a los enemigos de estos como sus propios enemigos. Actuando según dicta la foto instantánea del ahora, la clase media argentina hasta ahora fue incapaz de hilvanar un proyecto en función de sus intereses. Así fue siempre en Argentina: la porción más importante de electores del país se pasó la historia consagrando modelos -o soportándolos sin chistar cuando eran impuestos, a veces empujados por el clamor de un conglomerado de ciudadanos, mediante golpes de estado- pensados para favorecer intereses ajenos y despotricando tiempo después contra los efectos de las políticas votadas, sin hacerse cargo de la elección.



En la foto que muestra las consecuencias intolerables para la clase media del gobierno elegido no se ven los millones de argentinos que votaron por esa opción. Eso es parte del pasado olvidado, cuando el hoy era el futuro y no estaba en la foto.