Cuando las armas del Estado se utilizan para asesinar personas con el único fín de provocar pánico se comete terrorismo de Estado. Mendoza es un Estado terrorista, si se considera tal definición.
La Policía de Mendoza, como lo hizo en la dictadura, aterroriza, detiene a estudicantes, asesina a indefensos y encubre los hechos. Difícil de creer que todo eso sea obra de dos o tres policías locos. Más bien parece un plan bien pensado para meter miedo. El sábado a la noche le tocó el turno a Jonathan Chandía, un chico pobre de 20 años. Fue asesinado por la espalda por una bala policial, aparentemente disparada a un metro de distancia. Los milicos dicen que era un ladrón, pero para justificarlo plantaron un arma en la escena del homicidio. El oficial ayudante de la Policía de la Provincia Juan Carlos Oruza fue detenido ayer imputado por el asesinato. Fue el que disparó, pero un montón de uniformados más hicieron todo lo posible para que el cobarde fusilamiento pareciera un acto de servicio policial, incluso le dibujaron una escena de ficción al fiscal en turno.
El 5 de mayo, un policía asesinó a Mauricio Morán, de 14 años, porque robaba carbón de un tren. El chico cayó víctima de un balazo de plomo disparado a pocos metros por el arma de un efectivo que heróicamente abrió fuego contra un grupo de niños y mujeres que buscaban unos pedazos de carbón para calentarse en el invierno. Peligrosísimos delincuentes, según la consideración del Gobierno.
Eso no es todo: hace una semana, la Policía detuvo, golpeó y encerró a decenas de estudiantes secundarios que reclamaban porque en sus escuelas no tienen calefacción. La Policía y el Gobierno dijeron que los chicos eran delincuentes peligrosos que habían puesto en juego la seguridad pública y cometido desmanes. Nada de esto fue cierto, de hecho, ninguno de los menores está imputado por tales inconductas. Sin empacho, efectivos uniformados y de civil actuaron como los militares contra los estudiantes de La Plata que en el inicio de la dictadura reclamaban por el medio boleto. La noche de los lápices es concecuencia de aquella actuación. ¿Qué nombre llevará la película de las víctimas del terrorismo de Estado, en plena democracia, que padece Mendoza?.
Muchos diputados y senadores, bufones de la derecha asquerosa y asesina de siempre, se hartaron de pedir a un policía al frente de la Policía de Mendoza para encarar una guerra contra la delincuencia. Y el gobernador Julio Cobos, que nunca le encontró la vuelta a la Cartera más puta de todas las Carteras, les dio el gusto poniendo al comisario general Héctor Quiroga al mando. A la luz de los resultados el mando fue claro: hay que asesinar pobres, maltratar a mujeres y niños. Eso sí, que parezca un accidente.
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