El gobernador de Mendoza, Julio Cobos, echó al director de Seguridad, Héctor Quiroga, comisario general retirado que fue puesto como jefe de la yuta por presión de la oposición que aseguraba unos meses atrás que era lo mejor para subordinar a la tropa. El resultado era previsible: en Mendoza se reinstauró el terrorismo de Estado.
“Hay una línea de mando que no está transmitiendo cómo debe ser el modo de actuar, por lo cual hay responsabilidad funcional. Queremos combatir el delito sin que se cometan estos abusos”, remarcó el mandatario provincial al confirmar la salida de Quiroga. Hasta ahora, con esa medida el gobernador ha logrado salvar al ministro de Seguridad Miguel Bondino, quien sistemáticamente defendió a los policías asesinos y luego se rectificó para culpar a la mala suerte o la falta de profesionalismo de los uniformados por el Estado. Dilatar la permanencia de Bondino en Seguridad es extender el imperio del terrorismo de Estado.
Quiroga está sospechado de ser el jefe del operativo de encubrimiento que montó la Policía para hacer pasar el asesinato de Jhonatan Chandía, de 20 años, como la consecuencia de un enfrentamiento. Inmediatamente después de que el oficia ayudante Juan Carlos Oruza gatillara un balazo a la nuca del chico reducido boca a abajo en el suelo, decenas de compañeros del milico aramaron la escena para que todos creyeramos que el homicida era un valeroso combatiente de la delincuencia. Así se lo contaron los policías al fiscal en turno y al gobernador, a quien le reportó directamente el comisario Quiroga tras comandar el vil operativo de encubrimiento.
Bondino, mientras tanto, es el encargado de encubrir desde las declaraciones mediáticas. El ministro se cree que todos somos pelotudos, como ya se ha dicho en este blog. Ahora está intentando instalar que el disparo que mató a Jhonatan fue accidental. El ministro quiere que pensemos que los policías a su cargo son idiotas no homicidas pero está claro que los idiotas están en el gobierno, los asesinos en la Policía y las víctimas de este otro lado.
“Che Julio, ¿qué pasa con la policía?”
Esa fue la pregunta íntima que Néstor Kirchner le hizo al oído al gobernador mendocino -revela hoy el diario Los Andes- en uno de los segmentos de la reunión en la Casa Rosada ayer.
El interrogante presidencial fue una punzada en el ánimo de Julio Cobos, que creía que su agenda institucional y política en la Capital Federal sería promisoria para sus planes. Los convenios previsionales que firmó con el patagónico para los jubilados, y en particular para los jueces, fueron mostrados con antelación como la buena noticia para posicionar en la opinión pública local. Y que el cónclave radical “filo K” lo iba a posicionar en la Nación, pero todo eso fue empañado por la crisis policial.
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