De tanto decirlas, algunas pelotudeces se instalan en el imaginario colectivo. Es el caso de la imbécil defensa según la cual no hay que cargar sobre la institución policial por el accionar de los uniformados. Por estos días, una serie de hechos nuevamente dejan en claro que la Policía de Mendoza está podrida. La institución, de pies a cabeza.
El diario UNO publica hoy un impecable raconto de los hechos más escandalosos protagonizados por la fuerza y las erráticas medidas con las que los gobiernos de turno quisieron contrarrestar la crisis. Conclusión: estamos a merced de una banda delictiva con capacidad para desestabilizar al gobierno y a la sociedad.
La nota del UNO completa:
Ocho años de cirugía profunda en la policía y poco ha cambiado
Desde la reforma pasaron tres gobiernos y seis ministros de Seguridad, se relevó a 215 efectivos y más de 20 oficiales superiores pasaron a disponibilidad. Aún se habla de policía brava e impune.
“Nacho, te vas”. Con esa frase, dicha el 13 de octubre de 1997, el entonces gobernador Arturo Lafalla echó a quien era subjefe de la Policía de Mendoza, Ignacio Medina, efectivo a cargo de la investigación de la muerte de Sebastián Bordón.
El hombre fuerte de la policía de esa época había hecho algo que no dista mucho de lo que pasó este sábado en Godoy Cruz.
Para cuidar a miembros de la fuerza, Medina encubrió el asesinato ocurrido en San Rafael no sólo ante la opinión pública, sino también ante su jefe, el gobernador. Cuando se destapó todo, lo echaron.
Hace dos días, Julio Cobos terminó con la carrera del comisario Héctor Quiroga al frente de la fuerza, con la sospecha de que habría intentado tapar la muerte del joven Jonathan Chandía provocada por un disparo en la nuca salido de una 9mm policial.
Desde el caso Bordón han pasado casi nueve años y una profunda reforma encarada en 1999. Pero todo parece estar en el mismo punto.
Esta semana se volvió a hablar de policías descontrolados, de integrantes de una fuerza de seguridad que se sienten poderosos e impunes y de falta de conducción.
En el camino se probó de todo. Cada uno de los ministros que tuvo a su cargo la política de seguridad ensayó su libreto para controlar a una policía que durante años ostentó el calificativo de brava, procesista y dura.
No sólo por la participación de personajes como el comisario Julio César Santuccione, quien comandó la fuerza pasando el límite de la legalidad durante la última etapa de la dictadura, sino también por la responsabilidad demostrada en los casos más graves registrados luego de 1983, como el de Adolfo Garrido y Raúl Baigorria (desaparecidos en 1990), el de Paulo Cristian Guardati (desaparecido en 1992) o el del joven Sergio Pardo (desaparecido y luego hallado muerto en 1995).
Desde 1999 hasta mayo de 2006, pasaron tres gobiernos, seis ministros de Seguridad, fueron relevados 215 policías (todos en 1999), por lo menos una veintena de oficiales superiores fueron pasados a disponibilidad por mal desempaño o por cometer irregularidades y se tomaron medidas drásticas como las que adoptó este martes el actual ministro, Miguel Bondino, al ritmo de los escándalos: desde 2000 hasta 2006, por lo menos se produjeron cuatro descabezamientos de cúpula en distritales o comisarías. Dos de las más fuertes fueron las forzadas en las comisarías 28, de Palmira, y 14, de Alvear.
Tanto movimiento hizo mella en un punto: las camadas de oficiales que fueron ascendiendo a puestos de mando lo hacían en su gran mayoría a las apuradas y sin tener los debidos años de experiencia.
Para quien fuera uno de los impulsores de cambios profundos en la policía, el ex ministro Alejandro Cazabán, parte de lo que está pasando con la fuerza se explica en las medidas políticas definidas por Cobos de devolverle el control a un uniformado.
“El quiso decir que esto es la reforma de la reforma . Pero es un retroceso y un rediseño de un viejo pacto político policial. La conducción civil se retiró y disminuyó los niveles de control. Las consecuencias han sido estas”, dijo.
Para un ex policía, el panorama no es menos grave. Aunque pone el foco en otro aspecto. Según el comisario (r) Juan Carlos Najurieta, el problema es de disciplina. “Nadie controla lo que hacen los efectivos en la calle”, disparó.
Entre los altos jefes que fueron sancionados en el término de los últimos años por cometer algún tipo de irregularidades o por mal desempeño, o que fueron suspendidos mientras se los investigaba, se encuentran los comisarios Ricardo Calderón, Rubén Di Marco, Ramón Villagra, Raúl Fasello, Oscar Arbona, Williams Rúffolo o Daniel González.
También Jorge Pereyra, uno de los responsables del operativo en el que terminó baleado el jugador de San Martín Carlos Azcurra, en el Mundialista.
Pero este comisario no terminó tan mal. Fue puesto como secretario de Héctor Quiroga, cargo que desempeñó hasta ayer.
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No entendieron nada, otro milico al frente
Después del fuerte remezón en el Ministerio de Seguridad, ayer asumió el comisario general retirado Oscar Pérez como nuevo director de Policías en remplazo de su par Héctor Quiroga, quien fue relevado de su cargo a raíz de los últimos hechos de gatillo fácil.
Pérez se definió como “un comisario de la gente” y es conocido también por su llegada a la tropa. “No me gusta estar sentado en mi oficina. Lo mío es la calle, acompañando y controlando de cerca a los efectivos”, comentó ante la prensa al término del acto oficial que se realizó ayer a la tarde en la sede de la cartera de Seguridad, en Godoy Cruz.
Cobos ratificó a Bondino y repitió las boludeces de siempre
A pesar del cambio de hombres en las altas esferas de Seguridad, su titular, Miguel Bondino, quedó confirmado una vez más por el gobernador, Julio Cobos. Al mismo tiempo, un grupo de ONGs -la Fedem (federación mendocina que se ocupa de la niñez y la adolescencia), la coordinadora por la vida y la seguridad de las personas (la misma que participó de la reforma del ´99), el movimiento piquetero Barrios de Pie, el Sindicato de Amas de Casa y algunas organizaciones vinculadas a la Iglesia- pidieron la salida de Bondino.
El gobernador y el ministro evitaron anoche tener contacto con los periodistas y sólo se ocuparon de las presentaciones protocolares de los nuevos funcionarios. Aunque Cobos emitió un breve discurso, donde destacó el rol del policía y la necesidad de contar con “una institución prestigiosa, que se gane la confianza de la gente y el respeto de los que delinquen”.
El mandatario hizo hincapié además en la importancia que tiene la plana mayor a la hora de inculcar determinados valores, como respeto y orden.
Quiroga cumplió lo que le pidieron (Opinión del autor del blog)
El comisario general Héctor Quiroga fue designado jefe de la Policía el 1 de noviembre del año pasado por un gobernador jaquedao por 50 vecinos acomodados de la concheta Quinta Sección de Mendoza. Pedían la eliminación de los negros pobres que caminaban por sus casas prediciendo la peligrosidad que estos representaban para sus propiedades. Desde entonces, nunca más se quejaron las viejas copetudas. En cambio, hay dos jóvenes pobres muertos. Fueron asesinados por la Policía bajo la justificación de que eran potenciales delincuentes. A la postre, las versiones policiales eran mentiras lisas y llanas. Los únicos delincuentes fueron uniformados. Dos asesinos y una banda de encubridores, entre los que está seriamente comprometido el comisario general retirado que Cobos puso como jefe de la Policía. Se olvidó el gobernador que los policías dejaron de ser nombrados al frente de la fuerza porque con ellos ahí la institución ya había mostrado su capacidad de asesinar pobres y encubrir a los autores. Hoy, otro policía asumirá la Jefatura de la Policía. Mañana, segurmanete otra vez habrá homicidios encubiertos y políticos explicando que la institución es respetuosa, que los problemas son consecuencias de inconductas aisladas y la pila de mentiras que siempre dicen.
Un claro ejemplo de que el olor a podrido emana desde la médula de la institución más allá de la calidad personal de los hombres que se calzan el uniforme lo detalla el periodista Jorge Fernández Rojas en su crónica de hoy en el diario Los Andes. "Un caso curioso -relata- se dio cuando el comisario depuesto se fue de la sede ministerial. En el momento en que Quiroga se excusó de opinar ante Los Andes sobre la crisis que lo hizo renunciar intervino intempestivamente el capellán policial Bonifacio Benítez, que bendijo a los nuevos funcionarios. Pero en este caso sus bendiciones se transformaron en recriminaciones. '¡Váyanse. Ya bastante escracharon a la policía!', increpó el cura-policía antes de subirse al auto con Quiroga".
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