El descontrol policial que hay en Mendoza se pasó al segundo plano de la realidad, ahí adonde nadie ve nada y todo vale para ascender un cargo, para tener más poder. Como en la política, en la Policía hay rosca. Desde que al gobernador Julio Cobos se le ocurrió darle el control "operativo", dicen, a un policía, la Policía se convirtió otra vez en escenario de disputas. Las bandas internas, nunca disueltas, volvieron a soñar con el poder que la reforma de Cazabán les había quitado.
Estos últimos dos o tres días las bandas están sobre el ministro de Seguridad Miguel Bondino, quien tiene que pasarle al gobernador los nombres de los comisarios que ascenderán de rango en la fuerza. Durante la Jefatura de Héctor Quiroga, echado por el homicidio del pibe Jhonatan Chandía, fue sacado del medio el comisario Párraga, destinado a la escuela de policías. Y en una línea más abajo, el comisario inspector Roberto Villegas fue congelado, no lo echaron pero lo dejjaron sin funciones. Además, fue dejado afuera del decreto de ascenso, mientras otros policías más "nuevos" que él ocupan la nómina.
Ahora, con Quiroga afuera y mal visto, Villegas presentó un amparo judicial y está a punto de conseguir la inclusión de su nombre entre los ascensos a la máxima jerarquía: comisario general. Decenas de operaciones aparecieron en los últimos dos días. Civiles y policías de distintas bandas están con la cara pintada, mientras el ministro habla como maestro de escuela rural por la radio, como si no entendiera nada de lo que está pasando.
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