sábado, 26 de agosto de 2006

La ruptura radical es pragmática, no ideológica

Los radicales están atrapados. La mayoría no gobierna ni lo hará por ahora, por lo tanto no tiene otra que ser oposición dura. Los pocos que sí gobiernan no tienen otra que ser oficialismo. Los primeros tienen voluntades de sobra para no perder una elección dentro de los organos partidarios, mientras que los segundos difícilmente pierdan en una interna abierta.

Los radicales opositores solamente pueden salvarse de otra lapidaria derrota en las presidenciales del año que viene poniendo a Roberto Lavagna como candidato. Los radicales que gobiernan saben que de seguir a los que mandan en el partido se les tornaría insoportable la gobernabilidad de sus territorios, cosa que les facilita la sociedad con el presidente Néstor Kirchner.

Duros

Raúl Alfonsín, Roberto Iglesias y Margarita Stolbizer lideran a los radicales duros. El ex presidente y arquitecto de la Alianza que llevó a De La Rúa a la Presidencia fue el primer impulsor de la candidatura de Lavagna (en la foto con los diputados duhaldistas Francisco De Narváez y Juanjo Álvarez, entre otros, cantando la marchita) por la que sigue instando en la interna. El ex gobernador de Mendoza y titular de la UCR nacional primero apostó todo a Lavagna, luego se distanció y ahora solamente enviste contra sus correligionarios que comulgan con Kirchner. Y la dirigente bonaerense quiere al Partido Socialista, a la CTA y al ARI (todos fueron parte de la Alianza) entre los socios electorales de la UCR.

Los tres saben que el partido con sus propios candidatos, sin aliados, consolidará la tendencia a la desaparición. En el escenario que se proyecta para las presidenciales del 2007, el radicalismo no sólo debería construir una nueva alianza, sino que deberá encolumnar la misma detrás en la boleta que diga Roberto Lavagna presidente.

El ex ministro de Economía se muestra complacido por el apoyo radical pero sabe que sin lo que le quedó a Eduardo Duhalde después de la sangrienta derrota que le propinó Kirchner no será competitivo a la hora de los comicios. Y sus asesores le dicen que si no involucra a Mauricio Macri en el rejunte, otra lista opositora de la derecha le restaría prácticamente cualquier chance de meterse en una segunda vuelta. Tal dispersión del voto antipingüino significaría directamente la reelección del Gobierno.

Ergo, los radicales opositores deberán conformarse con unos pocos casilleros en la lista que pueda conformar Lavagna -comiendo sapos sin chistar- o alcanzar muy poquitos cargos armando lista propia en la Nación y cada distrito.

RadiKales

Del otro lado, absolutamente enfrentados con los dueños del aparato de la UCR, cinco de los seis gobernadores radicales del país y numerosos intendentes -muchos de la provincia de Buenos Aires- no dudan que en el menú de alternativas que se les presenta la más segura es la Concertación de Kirchner. El gobernador de Mendoza, Julio Cobos, encabeza a los radicales kirchneristas y es mencionado como compañero de fórmula de Néstor Kirchner.

"Comparto muchas cosas con el presidente y cuando disiento se lo planteo", resume Cobos y deja en claro con su accionar que en el panorama nacional está más cerca de Kirchner que de los demás y que no es sólo la billetera presidencial lo que lo seduce del Pingüino. Es como la mina que se encandila con el tipo que la pasa a buscar en el Mercedez Benz, la lleva a comer, a bailar y a un hotel cinco estrellas de la capital, porque mientras todo eso pasa es feliz. Y sería feliz igual sin auto, comida, baile ni hotel si el tipo pudiera ser igual sin todo eso. Pero la realidad es que el tipo "tiene todo", suspira la mina. Y todos los demás que la sacaron a bailar son feos, aburridos, indecisos, irresponsables y -encima- pobres.

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