Desde el domingo, cuando terminó la carrera de Turismo Carretera en el autódromo de Comodoro de Rivadavia, cerca de las 14, la categoría más popular del automovilismo nacional trascendió más allá de la disciplina y de los medios especializados en el mundo motor. La discusión principal se centró en la decisión dirigencial de continuar la competencia, a pesar de que Guillermo Castellanos se estaba muriendo como consecuencia de un terrible impacto durante la carrera final del fin de semana en el Sur Argentino. Un debate sin tema de debate. Quién puede decir eso sin haberse nunca puesto el buzo y el casco y acelerado más allá del límite para ganar posiciones en la pista. El árbol tapó el bosque. Lo peor que le pasa al automovilismo nacional y en especial al TC es la calidad de autódromos. Es impresionante la cantidad de veces al año que se corre en condiciones inaceptables. A los pilotos les gusta manejar, ir para adelante, sumar cuando se puede y si se está cerca tratar de ganar. Para eso, hay que acelerar. Aunque se levante una nube de tierra que impida por completo la visión, los pilotos aceleran de acuerdo a los parámetros de pista normal. "No sabés que hacer, venís a fondo y si frenás te pegan los que vienen atrás", dijo Matías Rossi, campeón de TC2000 y ganador de la carrera de TC de Comosodoro Rivadavia. "No tenemos que correr más en circuitos en los que no se ve", sostuvo Ernesto Tito Besone, experimentado piloto.
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