viernes, 3 de octubre de 2008

Jaque y Cazabán no se sorprendieron con la salida de Juan Marchena, la provocaron


Marchena mira para un lado, Jaque saluda para otro

En el Partido Justicialista la mayoría desconfía de Alejandro Cazabán, secretario general de la Gobernación, menos el gobernador Celso Jaque, quien cada vez le estira más la cuota de poder dentro del Gobierno. Juan Marchena, presidente del PJ mendocino, renunció al Ministerio de Gobierno porque Cazabán y Jaque lo empujaron.

Es mentira que la renuncia sorprendió al gobernador. Jaque y su entorno provocaron esa reacción de Marchena, quien sentía que había perdido hasta la dignidad como dirigente bancándose el rol que le asignaron en el gobierno. Siempre estuvo pintado al óleo, como lo calificó el cobista Alfredo Cornejo cuando se dio cuenta de que no podía acordar nada como intendente de Godoy Cruz con el ministro de Gobierno.

Marchena nunca tuvo poder de decisión, cuando lo hicieron intervenir en un tema fue para congelar el problema. Jaque lo convocó porque era el presidente del partido pero el jaquismo que cranea Cazabán no cuenta con ese partido. Quiere armar uno nuevo.

El negocio del Chiqui
El PJ no es jaquista, definitivamente; a pesar de que el mandatario es peronista. El PJ de Mendoza es azul, es de los intendentes no azules, es Gabrielli, Lafalla y Mazzón. El PJ es muchas cosas. Todas juntas.

Como firmó el periodista Manuel De Paz cuando se consumaba la victoria de Guillermo Amstutz y Jorge Pardal en las legislativas de 2001, "para los peronistas la política es la negación del ocio. Ergo: es un negocio". En el gobierno esa expresión del peronismo la encarna Cazabán, quien es resistido por todo el PJ.

La orga desprecia al abogado sanrafaelino que encabezó la purga policial de 1998, un año antes de que el partido con un protagonismo insuperable de Cazabán sucumbiera frente al radicalismo. El Chiqui, como le dicen al sanrafaelino por su estatura, muy similar a la del gobernador, siguió negando el ocio hasta volver de la mano de Celso Jaque.

El PJ orgánico se adjudicó la elección que catapultó al malargüino. Por eso se sintió despojado al conformarse el gabinete con muchos extraños. Cazabán y Francisco Paco Pérez, ministro de Infraestructura, concentraron casi todo el poder del gobierno. Por razones distintas ni uno ni otro tienen buena consideración de la orga.

Entre los dos operan la conformación de una línea partidaria interna con la intención de dominar la estructura peronista, como si fueran los Alberto Fernández de los primeros días del kirchnerismo, armando un monstruo para enfrentar al duhaldismo. Cazabán, Pérez y un puñado más de jaquistas sueñan con otro mandato para el malargüino, mientras algunos intendentes del PJ creen que el gobierno no termina los primeros cuatro años sino pega una vuelta de timón.

Los mosqueteros de Jaque, aún no pierden la esperanza de forzar una reforma constitucional que le permita al gobernador ir por un segundo periodo.

Marchena no tiene nada que ver con esa estrategia y, por lo tanto, nada que hacer en el Ministerio de Gobierno. Desde que asumió, Jaque y Cazabán le dejaron claramente delimitado el territorio: lo protocolar de la cartera estaría bajo su poder, pero la política se manejaría desde la Secretaría General de la Gobernación. Así fue hasta hoy.

La segunda presa de Cazabán
En 10 meses, Jaque cambió dos ministros. El primero fue Juan Carlos Aguinaga, quien abandonó la cartera de Seguridad cuatro meses después de asumir con un equipo policías y correligionarios demócratas que ocuparon los brevemente todos los cargos del edificio de Huergo y Salta, de Godoy Cruz.

El ganso fue convocado al gobierno por Alejandro Cazabán y se fue jaqueado por las organizaciones de Derechos Humanos que fogoneadas por el sanrafaelino no dejaron de presionar hasta que consiguieron la salida de Aguinaga.