jueves, 16 de octubre de 2008

Maradó... Maradó... Maradó...


La Selección pide a gritos por Diego Armando Maradona. Grondona, Basile y la Gente no escuchan. La tabla de posiciones condena. Los jugadores no juegan. Bianchi, Simeone y un puñado más se refriegan las manos mientras escuchan por el altavoz del teléfono a su representante decir que se acerca el banco de Argentina.

Todas son escenas de la patria futbolera. La Selección no convoca a barras bravas, ni juega al fútbol. Messi no quiere juegar para Basile, Agüero tampoco. La cancha de River no le grita más a La Selección, aplaude como boba. Visitantes de local: Agüero, Messi, Tévez, y también Heinze, De Micheli y el montón de "extranjeros" que se ponen la celeste y blanca cada tanto.

Nadie en la cancha de la dictadura se sabe el clásico grito de guerra: Maradó... Maradó... Maradó... La Selección está tomada. Que venga el comandante Diego, ya.