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jueves, 16 de octubre de 2008

Maradó... Maradó... Maradó...


La Selección pide a gritos por Diego Armando Maradona. Grondona, Basile y la Gente no escuchan. La tabla de posiciones condena. Los jugadores no juegan. Bianchi, Simeone y un puñado más se refriegan las manos mientras escuchan por el altavoz del teléfono a su representante decir que se acerca el banco de Argentina.

Todas son escenas de la patria futbolera. La Selección no convoca a barras bravas, ni juega al fútbol. Messi no quiere juegar para Basile, Agüero tampoco. La cancha de River no le grita más a La Selección, aplaude como boba. Visitantes de local: Agüero, Messi, Tévez, y también Heinze, De Micheli y el montón de "extranjeros" que se ponen la celeste y blanca cada tanto.

Nadie en la cancha de la dictadura se sabe el clásico grito de guerra: Maradó... Maradó... Maradó... La Selección está tomada. Que venga el comandante Diego, ya.

viernes, 25 de julio de 2008

El peor acuerdo

Por Martín Caparrós, en Crítica digital

Nunca hubiera pensado que alguna vez podía llegar a estar de acuerdo con el hijo de puta del ex general Luciano Benjamín Menéndez. Y sin embargo, ayer.

Ayer, en su alegato final, el ex Menéndez, ex jefe de una de las unidades militares más asesinas, el Tercer Cuerpo de Ejército, hombre de cuchillos tomar y de presos matar, peroró en su defensa. Dijo, en síntesis, que las fuerzas armadas argentinas pelearon y ganaron para “evitar el asalto de la subversión marxista”. Y yo también lo creo.

Con algunos matices. La subversión marxista –o más o menos marxista, de la que yo también formaba parte– quería, sin duda, asaltar el poder en la Argentina para cambiar radicalmente el orden social. No queríamos un país capitalista y democrático: queríamos una sociedad socialista, sin economía de mercado, sin desigualdades, sin explotadores ni explotados, y sin muchas precisiones acerca de la forma política que eso adoptaría –pero que, sin duda, no sería la “democracia burguesa” que condenábamos cada vez que podíamos.

Por eso estoy de acuerdo con el hijo de mil putas cuando dice que “los guerrilleros no pueden decir que actuaban en defensa de la democracia”. Tan de acuerdo que lo escribí por primera vez en 1993, cuando vi a Firmenich diciendo por televisión que los Montoneros peleábamos por la democracia: mentira cochina. Entonces escribí que creíamos muy sinceramente que la lucha armada era la única forma de llegar al poder, que incluso lo cantábamos: “Con las urnas al gobierno / con las armas al poder”, y que falsear la historia era lo peor que se les podía hacer a sus protagonistas: una forma de volver a desaparecer a los desaparecidos. Me indigné y, de tan indignado, quise escribir La voluntad para contar quiénes habían sido y qué querían realmente los militantes revolucionarios de los años sesentas y setentas.

(A propósito: es la misma falsificación que se comete cuando se dice, como lo ha hecho Kirchner, que este gobierno pelea por realizar los sueños de aquellos militantes: esos sueños, está claro, eran muy otros. En esa falsificación, Kirchner y el asesino ex se acercan; ayer Menéndez decía que “los guerrilleros del 70 están hoy en el poder”, sin ver que, si acaso, los que están alrededor del gobierno son personas que estuvieron alrededor de esa guerrilla en los setentas y que cambiaron, como todo cambió, tanto en los treinta últimos años que ya no tienen nada que ver con todo aquello, salvo para usarlo como figura retórica.)

Es curioso cómo se reescribió aquella historia. Hoy la mayoría de los argentinos tiende a olvidar que estaba en contra de la violencia revolucionaria, que prefería el capitalismo y que estuvo muy satisfecha cuando los militares salieron a poner orden. “Ostentamos el dudoso mérito en ser el primer país en el mundo que juzga a sus soldados victoriosos, que lucharon y vencieron por orden de y para sus compatriotas”, dijo el asesino –y tiene razón. Pero la sociedad argentina se armó un relato según el cual todos estaban en contra de los militares o, por lo menos, no tenían ni idea. Es cierto que no podían haber imaginado que esa violencia era tan bruta, tan violenta, pero había que ser muy esforzado o muy boludo para no darse cuenta de que, más allá de detalles espantosos, las fuerzas armadas estaban reprimiendo con todo.

El relato de la inocencia mayoritaria se ha impuesto, pese a sus contradicciones evidentes. Los mismos medios que ahora cuentan con horror torturas y asesinatos las callaron entonces; los mismos partidos políticos que se hacían los tontos ahora las condenan; los mismos ciudadanos que se alegraban privada y hasta públicamente del retorno del orden ahora se espantan. Y todos ellos conforman esta masa de ingratos a la que se dirige el muy hijo de exputa: “Luchamos por y para ustedes” –les dice y, de hecho, los militares preservaron para ellos el capitalismo y la democracia burguesa. Pero la sociedad argentina se ha inventado un pasado limpito en el que unos pocos megaperversosasesinos como éste hicieron a espaldas de todos lo que ellos jamás habrían permitido, y les resulta mucho más cómodo. Como les resulta mucho más cómodo, ahora, indignarse con el ex que repensar qué hicieron entonces, a quién apoyaron, en qué los benefició la violencia de los represores, y lo fácil que les resultó, muchos años después, asombrarse, impresionarse e indignarse.

El ex Menéndez es, sin duda, un asesino, y ojalá que se pudra en la cárcel. Es obvio que no es lo mismo la violencia de un grupo de ciudadanos que la violencia del Estado, pero es tonto negar que nosotros proponíamos la guerra popular y prolongada como forma de llegar al poder. Y también es obvio que la violencia de los militares no les sirvió sólo para vencer a la guerrilla: lo habrían podido conseguir con mucho menos.

Durante mucho tiempo me equivoqué pensando que los militares habían exagerado: que la amenaza revolucionaria era menor, que no justificaba semejante despliegue. Tardé en entender que los militares y los ricos argentinos habían usado esa amenaza como excusa para corregir la estructura socioeconómica del país: para convertir a la Argentina en una sociedad con menos fábricas y por lo tanto menos obreros reivindicativos, para disciplinar a los díscolos de cualquier orden, y para cumplir con las órdenes reservadas del secretario de Estado USA, su compañero Kissinger, que les dijo en abril de 1976 que debían volver a convertir a nuestro país en un exportador de materia prima agropecuaria.

Es lo que dijo el ex: “¡Y nosotros estamos siendo juzgados! ¿Para quién ganamos la batalla?”. Porque es cierto que la ganaron, y que su resultado principal no son estos juicios sino este país sojero.

Ése es el punto en que casi todos se hacen los boludos. La indignación siempre fue más fácil que el pensamiento. Supongo que es mejor que muchos, para sentirse probos, prefieran condenar a los militares antes que seguir apoyándolos como entonces. Pero no deja de inquietarme que todo sea tan fácil y que sólo un asesino hijo de puta suelte, de vez en cuando, ciertas verdades tremebundas.

sábado, 12 de julio de 2008

De precios



Un precio, un artículo. El INDEC dice que con 988 ya no se es pobre en una casa de cuatro personas. Esta campera vale $1.300, no alcanza el ingreso mensual de una familia clase media modelo INDEC para comprarla. Está en vidriera, es para todos.

martes, 17 de junio de 2008

Las opciones de la democracia


Muchos piden a los gritos que se vaya el gobierno. Para la memoria, en la foto están los competidores de las últimas elecciones. ¿A quién votás hoy?

jueves, 5 de junio de 2008

La imagen que faltaba


Los tamberos tiran leche frente a las cámaras para presionar a los camioneros a levantar los cortes de ruta que mantienen para presionar a las entidades del campo a levantar los piquetes selectivos que sostienen para presionar al Gobierno de Cristina Fernández a bajar las retenciones.

miércoles, 18 de julio de 2007

La temible Policía 24 por 48

Los efectivos de la Policía de Mendoza suelen ser temibles, mientras la sociedad y la Justicia miran para otro lado dejando que la dureza de la mano la decidan los policías, a discresión. Hay un dato que la sociedad apenas conoce y que la Justicia calla. Los policías trabajan 24 horas seguidas de servicio, con un fierro listo para reventar personas, a su criterio. Hasta puede meter un balazo de goma a un jugador de fútbol frente a un estadio lleno y ni siquiera pasar por la cárcel.

Los turnos son de 24 horas continuadas por 48 de pseudodescanso. Pues, terminado el servicio a la provincia empieza el circuito de servicios especiales, como le llaman acá a la protección contratada, como en los tiempos de la mafia. Si no contratás custodios, te roban.

El aumento del miedo justifica más policías y estos necesitan más enfrentamientos para justificar sus puestos de trabajo. Dormidos o empastillados, los policías sólo saben cumplir el manual de una carilla que los rige: los delincuentes son ratas a las que hay que eliminar. Es la guerra contra las ratas, no importa el tamaño de éstas. O si, mejor que sean ratitas, es más fácil eliminarlas.

Son otras las causas que determinan esta actitud, pero la cantidad de tiempo continuado haciéndose los policías mete miedo.

sábado, 26 de mayo de 2007

Macri-Michetti se venden como hamburguesa de Mc Donals

Mauricio y Grabriela, como nombra una voz en off a los candidatos a gobernar la Capital Federal por el PRO, salieron con un comercial en el que más que estadistas parecen distinguidos empleados del mes de la cadena de comida chatarra norteamericana. Justo Mauricio que nunca trabajó tuvo que hacerse el empleado ejemplar para cumplir los designios del costoso esquema publicitario contratado para la campaña.

miércoles, 16 de mayo de 2007

Efecto contrario del Tomba en Primera para el turismo


Con el cuento de que la participación del primer equipo del club Godoy Cruz en la Primera División de AFA potenciaría el conocimiento de Mendoza a nivel nacional, el Gobierno de Julio Cobos se convirtió en el principal sponsor del negocio de Acción Deportiva, gerenciadora del fútbol de Godoy Cruz.

Ridículo, hasta ahora para lo único que sirvió que Godoy Cruz juegue en Primera es para que todo el país conozca de la violenta Policía mendocina, de la corrupción política mezclada en los negocios del fútbol y de la guerra de bandas barriales que se expone claramente en la barra brava del Tomba.

Hoy, en el programa Estudio Fútbol, de TyC Sport, el periodista Gustavo Gravia, especialista en barras bravas, contó detalles del manejo de la barra del Tomba desde que subió a la máxima categoría. Entre estos, que en el seno de la hinchada se reproduce una guerra entre los barrios La Gloria y Chile. También que el ex secretario de seguridad deportiva, Omar Pérez Botti, facilitaba los movimientos de los barras en la tribuna del estadio Malvinas y los viajes de visitante.

"Dejá de contarme que yo estaba por irme de vacaciones a Mendoza, creía que era una provincia tranquila", reflexionó Marcelo Palacio, periodista hincha de Boca. "Con todo esto no se puede ir ni a San Juan", remató.

La propaganda de la provincia, a un costo superior al millón de pesos, no resultó como el Gobierno creía. Hubiese sido mejor que dijeran la verdad: hay dirigentes del radicalismo cobista -Alfredo Cornejo y Cesar Biffi- que buscaron beneficios electorales con el apoyo a Acción Deportiva, dueña del equipo del fútbol del club Godoy Cruz.

domingo, 29 de abril de 2007

Miles de asados y hectólitros de alcohol en el autódromo

Las carnicerías del pueblo quedaron vacías de vacío, entraña, costillas, asado ruso y todos los cortes que de una u otra manera se comportan decentemente en la parrilla. Chorizos de cerdo, de vaca, de perro y vaya a saber de qué otros orígenes chirriaron sin cesar todo el fin de semana.

Vino en damajuanas y coca cola, para el fernet, que corría como petróleo por las venas abiertas de Venezuela, poblaban las carpas diseminadas alrededor del circuito del Jorge Ángel Pena. Nada que ver el prócer del automovilismo local con la pena que daban algunos señores embebidos de pasión fierrera y etílica tratando de sacarse fotos con las promotoras, cuando no consultando por la tarifa.

El TC2000 pisó por segundo año consecutivo el autódromo de San Martín. El pueblo ya tiene experiencia y la aprovechó, a juzgar por los resultados. La calidad y comodidad de las carpas, asientos, chulengos para no agacharse a hacer el asado y la más completa gama de comodidades estuvo en las tribunas. Mucho más preparados todos que el año pasado.

jueves, 12 de abril de 2007

Morochos, de pelo largo y remera negra, en la mira policial

En los últimos días la ciudad de San Martín se llenó de uniformados y móviles policiales que se entretienen levantando a todo "sospechoso" que se mueve. Según el criterio que emplean, los portadores de test oscura, pelo largo y remera negra son los más peligrosos; seguidos por los cosechadores que en sus francos copan las calles para gastarse las monedas que se ganaron en las fincas.

Todo un espectáculo al estilo Rudolph Giuliani, ex alcalde republicano de Nueva York, en medio de decenas de transgresore a la ley que se mueven como peces en el agua entre los más malos policías del pueblo.