sábado, 7 de marzo de 2009

Cristina ligó un "zapatazo" en Mendoza

Un Policía Federal Antiexplosivos paseó un perro olfateador de sospechosos por el corralito de la prensa

Los militantes movilizados por los intendentes del PJ coparon las inmediaciones del palco de autoridades del Carrusel vendimial, en la puerta del teatro Independencia. El blindaje planeado por el gobierno funcionó con la gente a la perfección, Cristina sólo vio fanáticos suyos entre el público de la celebración antes de comerse un "zapatazo" en el almuerzo de Bodegas de Argentina.

A George Bush un periodista iraquí le zampó un zapatazo en una conferencia de prensa motivado por el dolor del genocidio que éste propició en su país. Aquí como no había conferencia de prensa ni posibilidades de entablar una entrevista seriamente, y mucho menos chances de embocarle con el zapato a la presidente porque estaba lejísimos, la mayoría de los acreditados al famoso almuerzo se quejó en voz alta. 

Tanta preparación, tanta plata invertida para movilizar gente desde los departamentos, tanta logística coordinada directamente por los ministros más influyentes del gabinete se hizo añicos frente a unos 60 o 70 trrabajadores de prensa embroncados porque la Presidencia los puso presos mientras Cristina participaba del acto de lobby más importante del grupo de empresarios que concentran la mayor parte del negocio del vino en la provincia.

Así es imposible trabajar, entonces, casi todos se puesieron a silbar cuando el locutor anunció que entraba a la bodega la presidenta. Ni un sonido se emitió en la jaula de los periodistas cuando nombraron a Jaque.

La monada chifló. ¿Y qué esperaban? Detrás de una mesa, a 50 o 60 metros del atril de los discursos, rodeados de custodios y policías con perros gordos, sin poder ver a la presidenta bajando la escalera que la llevó a mezclarse con empresarios que pagaron $150 la tajeta y dirigentes que garronearon la entrada, sin saber a ciencia cierta cuál era la cara que ponía toda esa gente al paso de la mandataria enfundada en un trajecito ejecutivo de color rosado y maquillada a más no poder como acostumbra. 

Inevitablemente tengo que caer en la primera persona porque la historia me pasó a mi: no entendí un pedo de lo que dijeron los oradores (Cristina, Jaque y Vespa, el presidente de la organizadora Bodegas de Argentina) porque por el parlante de la "sala de periodistas" se escuchaba una bola de ruido. 

La cara de los colegas pidiendo auxilio para poder hilvanar el apunte, desesperaba. Tanto como la de los encargados del protocolo de Bodegas de Argentina, quienes intentaron mejores condiciones para los periodistas pero subumbieron ante el rigor del apriete de Miguel Núñez, vocero de la presidenta y encargado de conducir la operación para evadir a la prensa.

Amontonados, lejos de todo