domingo, 30 de agosto de 2009

Víctor Hugo argumenta que el monopolio es la real amenaza para la libertad de prensa



Clave: Los tentáculos de Clarín

La libertad de prensa, rehén de una guerra sucia
El gobierno y los holding que concentran medios en el país aborrecen por igual el trabajo honesto de los periodistas. Para los gobernantes como para los Ceo las noticias y las regulaciones del Estado sobre las publicaciones no significan más que armas extorsivas de las luchas de poder.

La libertad de prensa entendida como la garantía de que la publicación de un trabajo periodístico sólo está condicionada por el nivel de precisión de la información que se presenta es una utopía. Si hay algo que está al margen de los efectos que tendría la iniciativa K para regular la radiodifusión es la libertad de prensa, puesto que ya fue desaparecida.

Héctor Magnetto, Ceo de Clarín

Héctor Magnetto

Ceo de Clarín

El Grupo Clarín sintió un sacudón de una magnitud que desconocía tras la declaración formal de guerra y el ataque inicial del kirchnerismo. El contraataque del holding de medios más poderoso del país incluyó una catarata de notas críticas al oficialismo canalizada a través de la impresionante red de medios del grupo y una planificada bajada de línea a la opinión pública identificando cualquier acción tendiente a desarmar su monopolio con un ataque a la libertad de prensa, un bien que el gobierno dice defender con la ley de radiodifusión que promueve.

Lo que está en juego
La nueva ley de Radiodifusión partirá en mil pedazos el mapa de medios: los siete grupos más importantes del país podrían perder 276 de un total de 360 licencias que hoy tienen en su poder. Entre presiones oficiales y del fuerte lobby empresarial, esta semana se larga la discusión de la iniciativa K en el Congreso.

De aprobarse la ley tal cual está, el máximo perdedor será el Grupo Clarín. El Grupo Uno, de los mendocinos Daniel Vila y José Luis Manzano, es el segundo desfavorecido. De capitales españoles, el Grupo Prisa, en el peor de los casos, podría perder sus once licencias de radio y su panorama más optimista lo limita a seis sacrificios. El grupo ibérico se las ingenió –con la venia oficial– para ingresar al mercado con un ardid legal: no compró la radio como una empresa española, sino que lo hizo mediante la firma ibérica Carsa (30%) y GLR (70%), con sede en Delaware, Estados Unidos, aprovechando el Tratado de Reciprocidad de inversiones con con ese país.

Asoman como las beneficiarias del esquema K de radiodifusión las compañías de teléfono. Telefónica está decidida jugar fuerte, pretende invertir u$s 1.700 millones para enfrentar al oligopolio Multicanal-Cablevisión-Fibertel (Clarín) con el triple play: televisión, teléfono e internet.

Aunque parece imposible, si el gobierno gana esta pulseada quedará una importante cantidad de licencias sin dueño que serán redestinadas. La oposición prevé que el kirchnerismo usará esos permisos para conformar su propia red de medios, mientras el gobierno asegura que democratizará la radiodifusión nacional, un negocio que se presenta hiperconcentrado en unos pocos grupos que hasta ahora fueron intocables para los políticos que llegaron al gobierno. Leé más en Critica de la Argentina

Mitre Mendoza es trucha, según el gobierno
Al mismo tiempo que el Gobierno lanzó el año pasado la batalla mediática, en paralelo con la guerra gaucha, la Presidenta instruyó al Comfer que revise las habilitaciones que poseían los “generales multimediáticos”.

Ese relevamiento determinó que al menos cinco de las radios que controla Clarín no estarían en regla. Son AM 810 (Córdoba), FM 102.9 (Córdoba), FM 100.3 (Mendoza), FM 96.5 (Bahía Blanca) y FM 99.5 (Tucumán).

En la capital mendocina, en el 100.3 del dial se instaló hace un tiempo una repetidora de Radio Mitre, de Buenos Aires, la emisora más relevante de las cientos de radios que pertenecen al Grupo Clarín. Para el CONFER, Mitre Mendoza no tiene licencia habilitante para llegar a los receptores en el 100.3 de la FM.

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