martes, 27 de julio de 2010

Es inviable un proyecto de Selección si la AFA no cambia el modelo exportador de jugadores

¿De qué hablan los que piden un proyecto serio para la Selección? El fútbol local no tiene un estilo de juego propio, que esté identificado con el gusto de la afición; los elegidos para calzarse la celeste y blanca nunca tienen más de dos días para entrenar con el equipo nacional, ni siquiera los que juegan en el país; la organización de partidos amistosos responde puramente a intereses comerciales, y las pujas políticas en la cúpula dirigencial de la AFA son tan evidentes como la rebelión de los jugadores que terminó con el ciclo de Alfio Basile y demostró el poder que tienen los que patean la pelota.

Nadie menciona el éxodo de jugadores, las ventas ficticias de futbolistas a clubes de Europa en los que nunca jugarán antes de volver a Argentina a cobrar el doble, de las estafas de los representantes, de los negocios de los auspiciantes, del circo montado para cortinar desde los medios el mecanismo tercermundista que determina que Argentina vende jugadores para luego comprar los partidos que protagonizan esos deportistas, en clubes que viven de la venta de fútbol no de jugadores.

¿Se puede pretender un proyecto de Selección sin que se modifique lo anterior?

Hay en la actualidad 1.562 jugadores argentinos emigrados del país, según un trabajo del sitio Tic Espor, cerrado el 12 de abril de este año. "España es el país donde más jugadores argentinos tenemos registrados: 333. Lo sigue, ahí nomás, Italia con 318. Lo siguen desde lejos, Chile con 88, Bolivia con 65 y Grecia con 64", consigna el portal, dentro de una minuciosa lista con el destino de los "extranjeros".

Es decir, con los futbolistas exportados se podrían armar 20 planteles, de 30 integrantes cada uno, de primera división, otros 20 de Nacional B y 10 de la tercera categoría nacional. La masiva fuga de jugadores del fútbol argentino es disimulada por la inagotable capacidad de promoción de la cantera, aunque por lo general los reemplazantes no tienen el mismo nivel de los adquiridos desde otras latitudes.

Gran parte de la tribuna que ahora pregona la necesidad de tener un proyecto para la Selección tuvo que ver en la naturalización del sistema infame que tiene como único objetivo vender jugadores para esquilmarle al fútbol argentino todos los recursos que puede generar, que no son pocos. Ninguno de los integrantes del Comité Ejecutivo de la Asociación del Fútbol Argentino ha pataleado contra las reglas del negocio, al contrario, los dirigentes de los clubes legitiman diariamente la entrega de las joyas en el nombre de las economías de los clubes, que en la gran mayoría de los casos están arruinadas, a pesar de la sangría de la materia prima.

No hay un proyecto para el fútbol argentino, la organización de los campeonatos -dos campeones por temporada consagrados en torneos cortos de 20 fechas y la pérdida de categoría sujeta a un promedio de puntos de las últimas temporadas- está pensada sólo para mover el libro de pases dos veces al año. Después de todo, el gran negocio está en la compra y venta de jugadores más que en la recaudación que generan los partidos.

El interés principal de la organización del fútbol implica una permanente rotación de futbolistas que conspira contra la planificación a mediano y largo plazo de estrategias de juego. Entonces, sin tiempo para imponer estilos de juego y sin poder impedir la sangría de los mejores jugadores, los técnicos son presionados para conseguir resultados no para desarrollar un estilo futbolístico determinado.

Buena parte de los que hoy piden que el técnico de la Selección se elija en función de un proyecto atribuyen a la falta de planificación la carencia de marcadores de punta de jerarquía para el combinado. Aunque, no reparan en que muchos de ellos durante años propiciaron la abolición del wing, cuya presencia obligaba a los equipos a formase con marcadores de punta, a favor de la incorporación de volantes con recorrido y marca.

Los dirigentes de los clubes que sostienen el perverso modelo de financiamiento del fútbol con la venta de jugadores sellaron la salida de Diego Maradona de la Selección sin explicitar los motivos de esa decisión. Antes de pedir proyectos para definir al sucesor, como les piden muchos, deberían explicar por qué el fútbol argentino navega sin rumbo, con instituciones fundidas y un campeonato de escasa jerarquía, mientras que muchos clubes europeos cuando ponen en la cancha la materia prima nacional multiplican varias veces las cifras que pagaron a los dirigentes argentinos por los pases.

¿Es lógico pretender un proyecto serio de Selección sin exigir antes una seria reestructuración del fútbol argentino?

Si "todo pasa", como reza el eslogan que acompañó a Julio Grondona desde el '79 en la Presidencia de la AFA, sin cambios. Si los clubes siguen subsistiendo con la venta de jugadores, mientras se enriquecen los empresarios y los dirigentes corruptos. Si el formato de los torneos sigue respondiendo sólo a la movilidad del libro de pases cada seis meses. Si los técnicos en general siguen armando equipos para sumar, sin demasiados reparos en la consolidación de una propuesta clara. Si los dirigentes y los técnicos del campeonato nacional siguen apelando a cualquier excusa antes de prestar sus jugadores a la Selección. Si los hinchas siguen protestando los laterales en la mitad de la cancha y pidiendo centros frontales de 40 metros con desesperación desde los 20 minutos del primer tiempo, como les enseñó el discurso mediático dominante en los últimos 20 años.

¿Si todo sigue igual, por qué debería cambiar la Selección?