miércoles, 20 de junio de 2012

¡Hasta el próximo!

Cada vez que un crimen con repercusión pública obliga a un gobierno a hacer anuncios, aparecen cientos de policías ociosos en oficinas administrativas cumpliendo funciones que otros agentes de la fuerza o de otras dependencias del Estado podrían cumplir con la misma prestancia.


También aparecen capacidades ocultas en uniformados que estaban licenciados y excluidos del uso de armas reglamentarias, que se podrán aprovechar para remplazar a los efectivos capaces de combatir o prevenir el delito que trabajan de oficinistas.

Y casi siempre que se estremece un gobierno por la inseguridad empieza a correr riesgo la custodia de los edificios públicos, que ocupa a unos 100 policías, siempre listos para ser incluidos entre las posibilidades para potenciar el patrullaje, pero hasta entonces inamovibles de sus puestos. Las modificaciones legislativas para permitirles a los fiscales ordenar allanamientos y escuchas telefónicas en lugar de los jueces de Garantías también aparecen en cada circunstancia conflictiva.

Y siempre que la inseguridad golpeó, más allá del color del gobierno de turno, corrieron amenazas oficiales a desarmaderos y otras cuevas de reducción de botines del delito. La Gendarmería como solución infalible para la toma del control de la calle estuvo en boca de Julio Cobos, Celso Jaque y, también, Francisco Pérez.

Las medidas del actual gobierno contra la inseguridad son las mismas de siempre. Hasta el próximo anuncio.

(Opinión publicada en página 3 de Diario Uno, del 20/6/12)