En el patio de la guerra que desató el nombramiento de Carlos Rico (es señalado por los organismos de derechos humanos como partícipe activo del terrorismo de estado de la década del '70) como subsecretario de Seguridad, en la provincia creció el nivel de violencia y como resultado creció el índice de homicidios respecto a 12 meses atrás. En el primer trimestre de 2007 hubo 22 asesinatos y en el mismo periodo de este año 35.
Ni en la Legislatura ni los organismos críticos de la gestión de Aguinaga intentaron interpelar al ministro por el crecimiento de la violencia. Los cuestionamientos que enfrentó no tocaban su gestión, ni la del controvertido comisario general retirado Rico. Este último fue blanco fácil porque las denuncias que lo señalan como represor agitaron el avispero y saltó alguna vinculación del policía con el terrorismo de Estado. Y Aguinaga se peló con todos para defenderlo, cuando no estaba dando explicaciones por algún exbrupto verbal propio.
20 años a la basura
El ex ministro anhelaba la cartera desde hacía 20 años, en ese lapso escribió varios planes y se probó el traje funcionario más de una vez, a pesar de que el PD nunca volvió a gobernar desde que lo hizo bajo órdenes de la última dictadura. Cuando consiguió la disponibilidad total del Ministerio en un gobierno peronista, la resignó por Rico. El comisario lo arrastró al ocaso rápidamente, mientras la violencia pasó a segundo plano, tras la figura del policía.
Aguinaga empezó para comerse la cancha pero salió ahogado antes de los cinco minutos del partido. Después de cumplido el tercer mes de Gobierno, Jaque ya no atendía al ministro con la asiduidad de los tiempos recientemente pasados. Ya no habían mimos del mandatario, todo lo contrario: sus acólitos del Gobierno lo mandaron a Aguinaga a tramitar personalmente los fondos en la Nación.
Justo cuando el gobierno nacional dio una señal: pasó de agitar una artillería mediática encabezada por Horacio Vertbiski y emitir una condena testimonial desde el área de Derechos Humanos a ningunearle la ejecución de los programas que habían acordado hacer en conjunto. Entre los demócratas que lo acompañaron en la gestión, hubo quienes le plantearon a Aguinaga desprenderse de Rico y seguir en el Ministerio. Aguinaga les dijo que era ireemplazable porque no había otro hombre mejor para conducir a la policía. Internamente pensaba que si entregaba a Rico demostraría una debilidad que igual lo dejaría afuera del gobierno, pero con muchos más magullones.
Pejotismo en acción
El "Juancito" con el que Jaque hablaba varias veces por día en el amanecer de su administración, en poco tiempo había mutado en una mochila pesada que comprometía el presente y el futuro de todo el gobierno. Los pejotistas festejaban en secreto cada acción que debilitaba a Aguinaga y agradecían al "ganso" cada día que ratificaba a Rico. Pensaban que entregando la cabeza del funcionario cuestionado, el entonces ministro tendría margen para desallorar una gestión más prolongada. Para los medios, asumían una tibia defensa de Rico.
Pasado el primer trimestre de gobierno, los pejotistas (encabezados por los intendentes) olfatearon la sangre de las heridas de Aguinaga y empezaron a moverse para acelerar la caída. Salieron indemnes, ya que el demócrata renunciante los liberó de culpas y cargó contra el Polo Social, de los militantes por los derechos humanos Diego Lavado, Pablo Salinas y Alfredo Guevara Escayola, quienes ocupan cargos en el gobierno merced a un acuerdo entre el PJ y la fuerza que representan, que sigue vigente.
Las estadísticas "gansas"
El combinado de "gansos" y policías dirigido por Aguinaga se fue remarcando la eficiencia en la detención de posibles autores de los homicidios. En 26 de los 35 asesinatos ocurridos durante los tres primeros meses de este año hay sospechosos detenidos. En retirada, los funcionarios venden que se esclarecieron 26 homicidios, a pesar de que todavía los detenidos están lejos del juicio oral que determinará en primera instancia cómo ocurrieron y quiénes son los responsables.
La política de Aguinaga y Rico nunca contempló la reducción de los niveles de delitos, sino que apuntaba a eficientizar la represión. Una contradicción inexplicable con la más difundida promesa de campaña Celso Jaque: "En los primeros seis meses vamos a bajar el 30% los delitos".
Tengo un plan
Es evidente que Jaque mintió. Los famosos especialistas de Harward y el País Vasco, que -según vendió siendo candidato- lo asesoraron en el plan de seguridad son de ficción o le hicieron un programa peor que el que militó el demócrata Omar De Marchi cuando enfrentó al peronista en las elecciones de octubre del año pasado. Aguinaga era compañero de fórmula de De Marchi y en la conducción del Ministerio de Seguridad no nombró a ningún peronista, puso a dirigentes demócratas y a policías retirados que se acercaron al partido después de Rico. Como si las elecciones las hubiera ganado el PD.
"Para la seguridad tengo un plan y especialistas capaces de ejecutarlo". Mas o menos con estas palabras o con otras que expresan lo mismo condimentan todos políticos sus discursos de campaña. Y todavía hay electores que definen su voto confiando en que son verdaderos y sustentables los planes de seguridad.
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Comentarios de la entrada
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Uffff!!! menos mal que estas cosas no las publicas en el diario... Sostengo igual y a pesar del conflicto de intereses que sos un gran periodista.
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