sábado, 23 de mayo de 2009

Cobos supeditó la carrera por la presidencia a un triunfo de su partido en Mendoza

Sin 2009 no hay 2011. Julio Cobos fue el último de los presidenciables para 2011 en subirse al escenario creado por Néstor Kirchner para obligar a los dirigentes que tienen apetencias presidenciales a jugar su futuro antes, en las elecciones legislativas del 28 de junio.

Dijo que el resultado electoral de Mendoza definirá su futuro político y por primera vez expuso que aspira a ser presidente, al mismo tiempo que descartó volver a candidatearse para gobernar Mendoza.

El mendocino tenía planeado, según anunció públicamente, mantener una prudente distancia con la campaña y los comicios legislativos. Argumentó que era para no afectar la institucionalidad y ocultó que más de un analista político le auguró un mejor posicionamiento pensando en 2011 si se quedaba quieto en 2009.

A medias porque se gastó el dedo índice en la definición de las candidaturas de Mendoza, Cobos se mantuvo hasta ahora prácticamente afuera de la contienda electoral.
No está referenciado claramente en la provincia de Buenos Aires, adonde se libra la madre de todas las batallas electorales con un universo de votantes que representa al 37% del total nacional, ni en la Capital Federal, una elección menos caudalosa de sufragios que la de la provincia pero con una gran repercusión. Es decir, Cobos no apadrinará triunfos ni fracasos en los dos distritos más importantes del país.

Pero ya tiene un objetivo electoral que no lo dejará quedarse quieto, como hubiese preferido. En las últimas horas, Cobos torció el discurso y empezó a embarrarse las patas con el objetivo de transformar en votos para el Frente Cívico Federal al menos una porción de la multitud (entre el 65 y el 70% de los mendocinos, según casi todas las encuestas) que califica la imagen del ingeniero como positiva.

En lo discursivo, abandonó la postura de relativizar las consecuencias de los resultados. Ahora, en cambio, da por sentado que su carrera política está condenada al destino que determinen los mendocinos con su voto.

"Se juega la gobernalidad del país", esgrime el kirchnerismo abonando la idea de que una derrota electoral puede conducir al país a una nueva crisis, como la de 2001-2002. "Para que yo pueda ser candidato a presidente en 2011, los mendocinos tienen que votar a los candidatos del Frente Cívico Federal en 2009", se juega a todo o nada Cobos.

El viraje discursivo y pragmático del vicepresidente con la campaña ya lanzada no es casual, ni caprichoso.

La actuación de su imitador en "Gran Hermano", la parodia a la clase política del programa de Tinelli, va limando lentamente la buena imagen que lo acompaña desde que se distanció de la Casa Rosada. Cobos y su pequeño círculo de confianza están que trinan por las similitudes entre el imitador del vicepresidente y el que interpreta a Fernando de La Rúa.

"Me hacen caminando despacito y yo corro matones", reaccionó el ingeniero mendocino contra el personaje. En el cobismo creen que el gobierno no es ajeno a la caracterización del vicepresidente que presenta Tinelli.

Para contrarrestar el impacto del imitador en la gente, Cobos se mostrará más decidido frente a las cámaras y cuando le toque presidir sesiones en el Senado. Además, va a ponerse al frente de la campaña electoral del Frente Cívico en Mendoza tratando de instalar la confrontación con Kirchner y el gobernador Celso Jaque en el centro del debate. "Hay que ganarle a Kirchner en Mendoza", será la consigna cobista.

"Mi futuro político se define ahora en Mendoza", tituló entre comillas el Diario La Nación el viernes, citando al vicepresidente. Antes de viajar a Mendoza a participar a un encuentro de la Federación Agraria, en Junín, Cobos ofrendó su destino político a la voluntad popular mendocina. Ya en el Este provincial, el vicepresidente avanzó más lejos que nunca hasta ahora en la revelación de su ilusión presidencial.

“Yo no estoy acostumbrado a bajar escalones. La aspiración de cualquier ciudadano comprometido es ser presidente”, soltó Cobos mientras participaba de un evento de dos días de duración organizado por la Federación Agraria. Los dos dirigentes nacionales más populares de esa entidad, Eduardo Buzzi, presidente, y Alfredo De Angelis, estuvieron los dos días que duró el encuentro.

Un voto del campo

El titular de la Federación Agraria manifestó sin empacho su "simpatía" por el exgobernador mendocino. “Algunos (en la entidad) somos de Cobos y con él nos une una simpatía mucho antes de la 125”, dijo tras aclarar que dentro de la Federación Agraria conviven distintas ideologías.

Después de definir la defunción de las retenciones móviles a la exportación de soja, incluso unos meses antes cuando el vicepresidente eligió seguir una estrategia propia, diferente a la del gobierno de Cristina, en medio de un conflicto que la Casa Rosada consideraba clave ganar, Cobos tiene alta imagen en el campo, más puntualmente en las provincias que producen soja. A nivel dirigencial, Cobos no sólo se lleva bien con la Federación Agraria, también tiene apoyo en el resto de las entidades que integran la Mesa de Enlace.

Arriados por la estrategia K

Cuando Cristina Fernández comunicó el adelantamiento de las elecciones y Néstor Kirchner soltó un globo de ensayo con su posible candidatura en la provincia de Buenos Aires, se terminaron las especulaciones de los opositores. Guardarse en 2009 para llegar a 2011 sin los inevitables machucones que resultan de una campaña electoral, ya no era posible. Pasó a ser determinante la participación los resultados de 2009 para llegar firme a las presidenciales.

Mientras Carlos Reuteman y Elisa Carrió, dos postulantes en carrera, decidieron jugar directamente como candidatos en Santa Fe y Capital Federal, Mauricio Macri amplió su campo de acción de la Capital Federal a la Provincia de Buenos Aires aliándose con Francisco De Narváez, y Hermes Binner, se replegó en la Gobernación de Santa Fe, ocupado en defender el liderazgo provincial de la amenaza que significa el exgobernador Reuteman.

Menos Cobos, todos los presidenciables ya estaban montados al escenario electoral. Ahora el vicepresidente no sólo entró en escena sino que eligió adonde medirlo: en Mendoza.