lunes, 1 de junio de 2009

Nueva víctima, viejos chivos expiatorios

Mirta Quinteros de Femenía, de 62 años, fue asesinada en su casa de la Sexta Sección cuando entraron a robarle el domingo en la madrugada. Es una empresaria importante del rubro gastrónomico que vivía con inmensas medidas de seguridad.

Según el discurso oficial, aceptado por la opinión pública en general, la mujer fue asesinada por las drogas, los derechos humanos, los abogados penalistas y los jueces "abrepuertas" de las cárceles a los delincuentes.

Lo cierto es que ninguno de estos "culpables" accionó el cuchillo que ocasionó las dos heridas mortales en el cuello de la empresaria. La dueña de Olé Olé y Cocina Española -al parecer- fue asesinada por uno o más ladrones que entraron a la vivienda pensando que no encontrarían a nadie en el interior. La rutina de la mujer era trabajar en sus restoranes pero justo el sábado en la noche se había enfermado.

Una desinteligencia del o los ladrones concluyó con la vida de la empresaria. Hacia ese móvil se enfoca la investigación judicial, a cargo del fiscal de Delitos Complejos, Daniel Carniello, quien caratuló el expediente como "homicidio criminis causa (matar para encubrir el robo)".

A 28 días de las elecciones, el asesinato de una empresaria sexagenaria en el interior de su vivienda de la capital provincial es un crimen con consecuencias electorales. Más aún en la provincia gobernada por Celso Jaque, quien se aprovechó de la angustia que la inseguridad provoca en la sociedad para llegar a la sede gubernamental de Peltier 351.

Desde que pidió perdón por incumplir la promesa electoral de "bajar el 30 por ciento los delitos en seis meses", el gobernador y su elenco culparon a las drogas, a los medios, a la Justicia, a la Legislatura, a los abogados, a los derechos humanos y a muchos otros cada vez que un hecho conmociona. Las recompensas, la Gendarmería, los discursos de guerra contra el enemigo, la mano dura y el marketinero pero irrelevante raid del ministro de Seguridad Carlos Ciurca ceca de los cadáveres, son imágenes cotidianas en la provincia.

Hace mucho que viene instalándose una visión retorcida de la realidad para encubrir la causa de la violencia. "Es multicausal", dicen muchos entendidos, una multitud de opinadores sin rumbo y los oportunistas. Y desde tribunas diferentes piden la abolición del Estado de Derecho. Entre todos construyeron una pésima imagen del derecho de defensa y el juicio justo, exigente de elementos probatorios certeros.

Todos aportaron a que se desligue de las causales de la violencia a la ponzoñosa inequidad que las políticas sucesivas generaron en la provincia. El quiebre de la sociedad y la voracidad por la riqueza no están en la lista de amenazas para la seguridad que sermonea habitualmente el gobernador Jaque, con seño fruncido y tono belicoso, a la manera de George Bush cuando le hablaba por televisión al terrorista Osama Bin Laden.

El mendocino puede ufanarse de que no le fue peor que al norteamericano. El terrorismo internacional está tan vivo y activo como la delincuencia de Mendoza. A pesar de gastar 1,7 millones de pesos por día en el Ministerio de Seguridad, la vida de las víctimas de la delincuencia mendocina depende más del profesionalismo de los delincuentes que de las políticas públicas destinadas a contener el problema.