viernes, 2 de abril de 2010

El autismo del Vaticano prendió en Mendoza


Mientras la Iglesia Católica está sumida en una profunda crisis, con el Papa Benedicto XVI involucrado en el encubrimiento de casos de pedofilia protagonizados por una cantidad de sacerdotes de distintos países, el arzobispo de Mendoza, José María Arancibia, volvió a arrogarse la facultad de cuestionar la conducción política del país pero nada dijo de la escandalosa lista de curas pedófilos que jaquea al Vaticano.



La Homilía de Arancibia del Jueves Santo estuvo en línea con el autismo demostrado por el Papa al condenar con toda ferocidad al aborto pero no decir una palabra sobre los curas violadores y la encubridora actitud de las máximas autoridades eclesiásticas. Benedicto XVI fue acusado por abogados de las víctimas de ser el responsable último de encubrir abusos sexuales de sacerdotes a niños y el Vaticano decidió no rebatir la acusación.



Giuseppe Dalla Torre, jefe del tribunal del Vaticano, le dijo al periódico italiano Corriere della Sera, que el Papa se amparará en la inmunidad que le confiere el cargo de jefe de Estado para no comparecer ante la Justicia en los casos en los que está acusado.



El escándalo que protagoniza la Iglesia de la cual es parte el obispo de Mendoza no mereció ninguna consideración en su Homilía del jueves. Arancibia prefirió desviar su discurso hacia otro lado: pidió que en el país se produzca “una renovación interior que permita a los ciudadanos y gobernantes superar los males más hondos de la discordia o el inútil enfrentamiento, la injusta desigualdad social, la falta de solidaridad y la exclusión de los más pobres”.



No es la primera vez que Arancibia omite un escándalo propio y desvía las críticas hacia la política. En la celebración de Santa Rosa Lima de 2001, la homilía del obispo incluyó duras críticas a la clase política pero nada dijo de la protección que le brindó a un cura para que huyera de la provincia cuando se conoció que había embarazado a una adolescente.



En abril de 2001, el arzobispo fue clave para que el cura Francisco Armendariz, entonces de 30 años, conservara su condición de sacerdote, a pesar de haber evadido la paternidad de un hijo concebido con una catequista 12 menor que él, que se desempeñaba bajo sus órdenes en la parroquia de Palmira.



Armendariz negó ser el padre del niño hasta que una prueba de ADN demostró que el cura mentía. Ni bien trascendió el caso, Arancibia orquestó la huida inmediata del cura de Palmira hacia la localidad de Benito Juárez, en la provincia de Buenos Aires, adonde siguió ejerciendo el sacerdocio mientras la Justicia de Mendoza demostró que el hijo de la catequista era de Armendariz y la adolescente se resignó a ser una madre soltera golpeada por la traición del amor de su vida.