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viernes, 22 de abril de 2011

Monseñor Arancibia cambió el discurso


El jefe de la Iglesia Católica en Mendoza, José María Arancibia, cuestionó duramente la política social del Gobierno durante los actos eclesiásticos por el Viernes Santo en Mendoza. El arzobispo, que en plena debacle del gobierno de Fernando De La Rúa, en 2001, pidió confiar en que Dios mejoraría la situación sin pedirle nada al gobierno, este año acusó al poder político por todos los males sociales y le exigió a éste resolver la problemática sin ninguna intervención del todopoderoso.

Arancibia dixit

En 2001: "En un momento con mucha crisis y pobreza, con fracaso de los políticos , la economía y flagelos como la corrupción, debemos poner la confianza en Dios"

En 2011: "No se puede creer que tiene más fuerza, dinero y medios (la Iglesia que el Gobierno) para atajar semejantes calamidades. Hacemos un poquito, pero es el poder político el que tiene, a través de sus organismos, la posibilidad, el dinero, las instituciones y las personas para trabajar en la acción social".

viernes, 22 de octubre de 2010

Ni Dios ayuda a Jaque, la Iglesia pidió frenar la minería en Uspallata por el conflicto social

La minería sumó un enemigo inesperado en Mendoza. La Iglesia Católica, a través de la Pastoral Social, le pidió a Celso Jaque que frene el proceso de habilitación del proyecto San Jorge, que contempla la extracción de cobre en Uspallata.

El principal argumento de la petición de la Iglesia surge de la estrategia que eligió el gobernador para abrirle el camino a la minería. Después de muchas idas y vueltas Jaque decidió avanzar en el proceso técnico y burocrático de habilitación de San Jorge, aunque prefirió no militar abiertamente a favor del desarrollo de la actividad.

La decisión del Gobierno de permitir la minería en Uspallata sin un trabajo político previo en el terreno que garantizara cierto consenso vecinal sólo agudizó "el deterioro de la convivencia ciudadana", en términos de la Pastoral Social, que resultó de la confrontación entre los lugareños que aprueban la explotación minera y los que la rechazan. Los bandos antagónicos se consolidaron bajo la influencia de intensos trabajos propagandísticos de la empresa y de los ambientalistas.

El planteo fue presentado por el arzobispo José María Arancibia al secretario de Ambiente Guillermo Carmona cinco días antes de la fecha establecida para la realización de la audiencia pública exigida entre los últimos pasos del proceso de determinación del impacto ambiental de la explotación. Como justificación al pedido de frenar la habilitación la Iglesia citó, además de conflicto social, la incertidumbre respecto a una posible contaminación ambiental y sus dudas a cerca de la capacidad del Estado para ejercer los controles cuando la mina esté en producción.

jueves, 15 de julio de 2010

En Argentina el matrimonio es libre

Luego de 14 horas de debate, el Senado aprobó en la madrugada del jueves el proyecto de ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo. La votación se definió con más holgura de lo que los discursos hacían esperar: 33 votos a favor, 27 en contra y tres abstenciones.

A favor

19 del Frente para la Victoria: Jorge Banicevich (Santa Cruz), Eric Calcagno (Buenos Aires), Elena Corregido (Chaco), Liliana Fellner (Jujuy), Nicolás Fernández (Santa Cruz), Daniel Filmus (Capital Federal), Marcelo Fuentes (Neuquén), Pedro Guastavino (Entre Ríos), Marcelo Guinle (Chubut), Ada Maza (La Rioja), Blanca Osuna (Entre Ríos), Nanci Parrilli (Neuquén), Miguel Ángel Pichetto (Río Negro), Beatriz Rojkés de Alperovich (Tucumán), Teresita Quintela (La Rioja), Eduardo Torres (Misiones), José Pampuro (Buenos Aires), Lucía Corpacci (Catamarca) y Mario Colazo (Tierra del Fuego)

5 del radicalismo: Nito Artaza (Corrientes), Gerardo Morales (Jujuy), Alfredo Martínez (Santa Cruz), Ernesto Sanz (Mendoza) y Oscar Castillo (Catamarca).

También votaron a favor: Roxana Latorre (Santa Fe), Rubén Giustiniani (Santa Fe), Samuel Cabanchik (Capital Federal), María Eugenia Estenssoro (Capital Federal), María Rosa Díaz (Tierra del Fuego), José Martínez (Tierra del Fuego), Luis Juez (Córdoba) y Norma Morandini (Córdoba), y Ana Corradi de Beltrán (Santiago del Estero).

En contra

7 miembros del Frente para la Victoria: Adolfo Bermejo (Mendoza), Adriana Bortolozzi (Formosa), César Gioja (San Juan), Guillermo Jenefes (Jujuy), Luis Viana (Misiones), Daniel Pérsico (San Luis) y José Mayans (Formosa).

4 del Peronismo Federal: Roberto Basualdo (San Juan), Sonia Escudero (Salta), Hilda Chiche Duhalde (Buenos Aires) y Liliana Negre de Alonso (San Luis).

12 del radicalismo: José Manuel Cano (Tucumán), Mario Cimadevilla (Chubut), Josefina Meabe (Corrientes), Blanca Monllau (Catamarca), Laura Montero (Mendoza), Ramón Mestre (Córdoba), Luis Naidenoff (Formosa), Roy Nikisch (Chaco), José María Roldán (Corrientes), Arturo Vera (Entre Ríos), Pablo Verani (Río Negro) y Juan Carlos Marino (La Pampa).

Y completaron el espectro: Juan Pérez Alsina (Salta), Carlos Verna y María de los Ángeles Higonet (La Pampa), Horacio Lores (Neuquén).

Ausentes

Marina Riofrío (San Juan) y Ada Rosa Iturrez de Capellini (Santiago del Estero), de anticipado voto negativo que viaje con la presidenta Cristina Fernández en China. También faltó Carlos Menem (La Rioja), que estuvo temprano en el Senado y se retiró aduciendo "un malestar", Elida Vigo (Misiones), Sergio Mansilla (Tucumán) y el radical Emilio Rached (Santiago del Estero). Reutemann, Rodríguez Saa y Romero se levantaron antes de votar.

Abstenciones

Fabio Biancalani (Chaco), María José Bongiorno (Río Negro) y Graciela Di Perna (Chubut).

Parte del discurso de Adolfo Bermejo

miércoles, 14 de julio de 2010

Clientelismo al servicio de Dios


"Las cercanías al Congreso cubiertas de colectivos", reportó en Twitter, a las 18 del martes, el periodista Juan Cruz Sanz. "Si se tratará de un acto del peronismo ya estarían hablando de clientelismo", reflexionó a renglón seguido el redactor de Clarín respecto a la logística desplegada por los grupos religiosos y conservadores que convocaron a una manifestación para presionar a los senadores que trataban el proyecto de ley de matrimonio igualitario, que se votará el miércoles al mediodía, según lo previsto.

"Hubo 'trapos' colgados de las farolas de la Plaza de los Dos Congresos, puestos de panchos y largas colas de colectivos en los alrededores de la protesta que convocó la Iglesia un día antes que el Senado ratifique o rechace la media sanción que la iniciativa trae de Diputados", según la descripción de la escena de Perfil.com.

"Estoy caminando por la zona de Congreso para ver si logro entender algo, pero me espanto aún más", exclamó Sanz un rato después de comprobar que para protestar contra la libre elección sexual en el matrimonio la Iglesia y sus aliados apelaron al método de la política tradicional. Los alumnos de los colegios religiosos, financiados en su mayoría por el Estado, colmaron la mayor parte de los colectivos movilizados al Congreso.

Lo dijeron en Twitter

Aníbal Fernández: "Me asombra el gesto de los inquisidores. Gays lesvianas y cualquier minoría merecen respeto de los gobiernos y la garantía de sus derechos".

Jorge Macri: "Lo dije desde el principio estoy a favor. Creo en el derecho a la union civil".

Pino Solanas: "Ante el tratamiento de la unión civil en Senadores desde el Interbloque de Diputados de Proyecto Sur votamos por el matrimonio".

Federico Pinedo: "Junto a @TRIACAJORGE en la reunión con el Secretario del Vaticano, Dominic Mamberti, p discutir temas de bioética y relaciones con Argentina".

Julio Cobos: "Apoyo el proyecto de Unión Civil presentado por la Senadora Laura Montero, que puede leerse en www.lauramontero.com/blog".

Luis Majul: "Insisto: el matrimonio gay no es una causa k. Es igualdad de derechos para todos. No minimizar ni confundir".


MI OPINIÓN

Tolerancia o autoritarismo, esa es la cuestión

El respeto a las elecciones de las minorías no debe estar sujeto al gusto de la mayoría en una sociedad con pretensiones democráticas de convivencia. El grado de tolerancia frente a formas de vida diferentes, hasta contradictorias, de la que la mayoría tiene incorporada como "normal" determina el nivel de autoritarismo de una sociedad.

La tolerancia favorece la inclusión, mientras el autoritarismo provoca indefectiblemente la exclusión de quienes eligen formas de vida "indeseables".

A esta altura de la historia argentina, la porción de la sociedad que acepta las relaciones de pareja sin importar la condición sexual de sus integrantes es mucho más amplia que el universo de homosexuales que convive con las normas del matrimonio pero tiene vedado el reconocimiento del Estado a los derechos que le corresponden como tal. Es decir, la elección "rara" de una minoría es tolerada por un sector de la mayoría "normal".

Al mismo tiempo, un sector de los "normales" sostiene una postura intolerante frente a la "normalización" legal de una elección de la minoría en base a convicciones de orden moral y religioso que nadie debería desconocer si no quiere ganarse una estadía eterna en el infierno. Los homosexuales son enfermos, según los promotores de la intolerancia de la igualdad de derechos para quienes desvían su elección sexual del modelo establecido.

El imperio de ese esquema de tratamiento de las minorías, con una base de sustentación social mucho más grande que en la actualidad, no pudo evitar que la homosexualidad fuera una opción cierta para muchos individuos de la sociedad. La imposición cultural de la discriminación no fue capaz de evitar el crecimiento del universo de personas dispuestas a pagar el precio social de la elección sexual libre.

A pesar de todos los castigos sociales y sin ninguna ley que ampare el más mínimo derecho a convivir con una pareja del mismo sexo, las uniones homosexuales de hecho son moneda corriente en la sociedad argentina. Es más, cada vez es más natural la inserción de dos homosexuales convivientes entre los vecinos y la aceptación lisa y llana en los ámbitos laborales.

Cuando una pareja de homosexuales sube a un colectivo, asusta a menos pasajeros que dos laburantes con ropas sucias y pinta de "villeros". La elección sexual contraria a la definida por los genitales, dejó de ser una causal de condena sin derecho a defensa en casi todos los ámbitos.

Sin embargo, el Estado sigue sin reconocerle a los homosexuales el derecho a contraer matrimonio y a ordenar la relación de pareja bajo el paraguas jurídico previsto para las uniones entre heterosexuales. Mientras que la Iglesia católica, a la cabeza de otras instituciones religiosas, radicaliza su intolerancia más allá de los límites extremos que permite la convivencia sin medir consecuencias.

Una ley que unifique los derechos para los matrimonios sin discriminación de la sexualidad de los integrantes le solucionaría la vida a miles a argentinos que hoy son víctimas de la discriminación.

Ahora, si la presión de la Iglesia, las limitaciones culturales, ideológicas o religiosas de los senadores, la sumisión a los dictados de las encuestas o la intención de sacar rédito político con el tema impiden que el Senado convierta en ley el proyecto que ya fue aprobado por Diputados, las parejas homosexuales no van a desaparecer. Perfeccionarán las trampas para conseguir de cualquier manera algunos de los derechos negados por el Estado.

El sexo de hombres con hombres y de mujeres con mujeres no desaparecerá como opción, al igual que el amor y la posibilidad construir una familia desde una relación homosexual. Todos o la gran mayoría de ellos se criaron con mamá (nena) y papá (nene), una situación que no les impidió preferir las relaciones con parejas del mismo género antes que las auspiciadas por los intolerantes.

Sea cual sea el resultado de la votación en el Senado, de este debate saldrá fortalecida la tolerancia de las elecciones individuales desapegadas de los parámetros de la moral y las buenas costumbres que justifican la intolerancia. Los comportamientos culturales no se imponen ni se erradican por ley. En todo caso, a través de la legislación, se reprimen o se reconocen, según sea más rentable.

viernes, 2 de abril de 2010

El autismo del Vaticano prendió en Mendoza


Mientras la Iglesia Católica está sumida en una profunda crisis, con el Papa Benedicto XVI involucrado en el encubrimiento de casos de pedofilia protagonizados por una cantidad de sacerdotes de distintos países, el arzobispo de Mendoza, José María Arancibia, volvió a arrogarse la facultad de cuestionar la conducción política del país pero nada dijo de la escandalosa lista de curas pedófilos que jaquea al Vaticano.



La Homilía de Arancibia del Jueves Santo estuvo en línea con el autismo demostrado por el Papa al condenar con toda ferocidad al aborto pero no decir una palabra sobre los curas violadores y la encubridora actitud de las máximas autoridades eclesiásticas. Benedicto XVI fue acusado por abogados de las víctimas de ser el responsable último de encubrir abusos sexuales de sacerdotes a niños y el Vaticano decidió no rebatir la acusación.



Giuseppe Dalla Torre, jefe del tribunal del Vaticano, le dijo al periódico italiano Corriere della Sera, que el Papa se amparará en la inmunidad que le confiere el cargo de jefe de Estado para no comparecer ante la Justicia en los casos en los que está acusado.



El escándalo que protagoniza la Iglesia de la cual es parte el obispo de Mendoza no mereció ninguna consideración en su Homilía del jueves. Arancibia prefirió desviar su discurso hacia otro lado: pidió que en el país se produzca “una renovación interior que permita a los ciudadanos y gobernantes superar los males más hondos de la discordia o el inútil enfrentamiento, la injusta desigualdad social, la falta de solidaridad y la exclusión de los más pobres”.



No es la primera vez que Arancibia omite un escándalo propio y desvía las críticas hacia la política. En la celebración de Santa Rosa Lima de 2001, la homilía del obispo incluyó duras críticas a la clase política pero nada dijo de la protección que le brindó a un cura para que huyera de la provincia cuando se conoció que había embarazado a una adolescente.



En abril de 2001, el arzobispo fue clave para que el cura Francisco Armendariz, entonces de 30 años, conservara su condición de sacerdote, a pesar de haber evadido la paternidad de un hijo concebido con una catequista 12 menor que él, que se desempeñaba bajo sus órdenes en la parroquia de Palmira.



Armendariz negó ser el padre del niño hasta que una prueba de ADN demostró que el cura mentía. Ni bien trascendió el caso, Arancibia orquestó la huida inmediata del cura de Palmira hacia la localidad de Benito Juárez, en la provincia de Buenos Aires, adonde siguió ejerciendo el sacerdocio mientras la Justicia de Mendoza demostró que el hijo de la catequista era de Armendariz y la adolescente se resignó a ser una madre soltera golpeada por la traición del amor de su vida.